La plantilla menos gallega de la etapa Lupe Murillo al frente del Pontevedra CF

A. Davila PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

La presidenta Lupe Murillo dando la bienvenida a los jugadores en el primer entrenamiento de la pretemporada
La presidenta Lupe Murillo dando la bienvenida a los jugadores en el primer entrenamiento de la pretemporada Ramón Leiro

La actual plantilla, todavía provisional, tiene solo a cuatro futbolistas nacidos en Galicia de entre todos los que Rubén Domínguez tiene a su disposición

12 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Mediado el mes de agosto, mientras el Pontevedra CF sigue dando forma a su plantilla para afrontar el curso 25/26, hay un dato que llama poderosamente la atención: nunca antes, en la más de una década de presidencia de Lupe Murillo en el club, el equipo granate había contado con tan pocos jugadores gallegos en su vestuario.

A día de hoy, solo cuatro futbolistas nacidos en Galicia forman parte del plantel: Edu Sousa, Brais Abelenda y Yelko Pino, todos ellos ya presentes durante la pasada campaña, y el recién incorporado Víctor Eimil. A ellos se suma el entrenador Rubén Domínguez, también gallego, que mantiene una tradición que, pese a los vaivenes en la confección de la plantilla durante doce temporadas, se ha respetado durante toda la etapa Murillo: comenzar la liga con un técnico de la tierra.

Este dato, aparentemente anecdótico, adquiere mayor relevancia si se pone en perspectiva. En la temporada 2020/21, el Pontevedra ya vivió una situación similar, con solo cinco gallegos en el equipo (Churre, Santi Figueroa, Adrián Cruz, Romay y Martín Diz). Pero nunca antes se había bajado de esa cifra. El contraste con los primeros años de mandato de Lupe Murillo es especialmente llamativo. En su primera temporada el club militaba en Tercera División y la plantilla estaba formada casi en su totalidad por jugadores gallegos, muchos de ellos procedentes de la cantera granate o que eran piezas destacadas en otros clubes de la comunidad. Era un Pontevedra profundamente arraigado, que respiraba identidad local.

La evolución del Pontevedra CF en estos doce años ha sido evidente. El club ha crecido en estructura, ambición y exigencia deportiva. Pero ese crecimiento ha ido acompañado de una progresiva apertura al mercado nacional, y en menor medida al internacional, que ha diluido el componente gallego del equipo. La búsqueda de perfiles específicos, la necesidad de competir en categorías superiores y la dinámica del mercado han llevado a que el Pontevedra se nutra cada vez más de jugadores con otros acentos. Y aunque esta tendencia no es exclusiva del club granate, en el caso del Pontevedra supone una ruptura con un modelo de mercado que en muchos casos ha dado grandes resultados.

La presencia de Rubén Domínguez en el banquillo, sin embargo, mantiene viva esa conexión con Galicia. Desde que Lupe Murillo asumió la presidencia para la 2014/2015, todos los entrenadores que han iniciado la temporada al frente del equipo han sido gallegos: Luisito, Luismi Areda, Antonio Fernández, Yago Iglesias e incluso Jesús Ramos, nacido en Bilbao pero afincado desde hace años en tierras gallegas, encajan en ese perfil. Esta continuidad en el banquillo contrasta con la creciente diversidad geográfica del vestuario actual, al que todavía le faltan piezas por llegar.

Vienen y se quedan

El fútbol moderno exige resultados, y los resultados no siempre entienden de procedencias. Pero también es cierto que el arraigo local puede ser un valor añadido, especialmente en clubes con una fuerte vinculación con su entorno. Hoy la vinculación llega de otra manera, en la forma en el que el jugador de fuera echa raíces en la ciudad y se establece en Pontevedra tras su salida del club. Jesús Berrocal, Pol Bueso o Rufo son buenos ejemplos de ello, jugadores que vienen a Pontevedra acompañados de su familia y que encuentran su casa en la ciudad del Lérez. El caso del capitán granate, Álex González, va camino de ser uno más en este club de pontevedreses de adopción.

La temporada 25/26 está aún en construcción, y no se puede descartar que lleguen más futbolistas gallegos antes del cierre del mercado, pero la diversidad geográfica del actual Pontevedra es evidente (Zaragoza, Valencia, Ciudad Real, Soria, Vizcaya, Madrid, La Rioja, Asturias, etc). En el vestuario conviven jugadores de distintas comunidades autónomas, con trayectorias variadas y experiencias en diferentes categorías. Menos en el caso de Marqueta, todos los recién llegados tendrán la oportunidad de jugar este curso en una categoría que, de continuar en sus clubes de origen, verían por encima. Esta mezcla puede enriquecer al grupo, aportar nuevas perspectivas y elevar el nivel competitivo. Pero también puede generar cierta desconexión con la afición, que durante años ha visto en los jugadores gallegos un reflejo de su propia identidad.

En este contexto, figuras como Edu Sousa, Brais Abelenda o Yelko Pino adquieren un valor simbólico. No solo por su calidad futbolística, sino por lo que representan. Son los últimos bastiones de un Pontevedra que, sin renunciar a esa necesidad de crecer para regresar al profesionalismo, debe cuidar su esencia. Porque en el fútbol, como en la vida, la identidad también importa. Y aunque los resultados mandan, el sentimiento de pertenencia también juega.