Rosi renunció al Derecho por su histórica tienda de Pontevedra: «Ser abogada es un estrés, vendiendo pijamas soy feliz»

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Rosi Díaz, en el negocio que fundó su bisabuelo en la zona monumental de Pontevedra, en el que ella encarna la cuarta generación
Rosi Díaz, en el negocio que fundó su bisabuelo en la zona monumental de Pontevedra, en el que ella encarna la cuarta generación CAPOTILLO

A Moda Dabaixo era el negocio en el que los emigrantes a Sudamérica compraban baúles y ropa para cruzar el océano. Hoy es un clásico del comercio local con tentáculos en Instagram y vende hasta trenes de colección

23 feb 2024 . Actualizado a las 20:05 h.

Rosi Díaz Prados (Pontevedra, 1981) se crio con una madre abogada y un padre comerciante. Ella estudió Derecho, aunque reconoce que por gusto hubiese hecho Historia del Arte, así que parecía encaminada a seguir a mamá. Pero no. Ya metida en materia laboral, renunció a la abogacía para tomar las riendas de la tienda de su papá, la histórica A Moda Dabaixo ubicada en la zona monumental de Pontevedra. Y no puede estar más contenta de la decisión que tomó: «Probé lo de ser abogada y no me gustaba nada. Eran un estrés los plazos y los ajetreos... yo soy feliz en mi tienda, vendiendo sombreros y pijamas», señala mientras sube la persiana de su negocio después de dejar a su niña en el colegio. Rosi encarna la cuarta generación en una tienda textil que abrió sus puertas 1896 con su bisabuelo paterno al frente y que se llamó A Moda Dabaixo para diferenciarla de la otra tienda del mismo ramo que tenía la familia un poco más arriba. Ella la ha modernizado, pero sin dejar que pierda ni una pizca del encanto que tuvo. Porque Rosi, ante todo, es una mujer de tradiciones: «Todo lo de antes está tal cual, no toco un alfiler», dice.

Viajemos hasta finales del siglo XIX. En Galicia se iba a vivir en los años siguientes el fenómeno de la emigración y hacia América partirían cientos de barcos con hombres y mujeres en busca de porvenir. Muchos de esos varones, antes de partir para posiblemente no volver, visitaban A Moda Dabaixo, un comercio que se había abierto en Pontevedra donde los días de feria era imposible entrar. «Venían a por los baúles para emigrar y se los llevaban ya cargados de ropa, con camisetas, calzoncillos y todo lo demás», cuenta Rosi. Pasó el tiempo y ese negocio fue ampliando el género que ofrecía; desde sombreros a tirantes y pajaritas. O también pijamas y batas de casa. Todo pensado para el hombre, aunque alguna pieza de mujer también ofrece.

Carlos Antonio, el padre de Rosi, dedicó toda su vida laboral a seguir mejorando el negocio y también dejó huella en él de su gran pasión: los trenes. «Le gustan tanto que incluso tiene una colección privada y al apasionarle tanto comenzó a vender juguete clásico, locomotoras y otras piezas», cuenta su hija. Así que poco a poco A Moda Dabaixo se fue haciendo conocida por tener esos juguetes de colección que no son fáciles de encontrar. Desde una locomotora de un país europeo a un correpasillos clásico o una figura de Star Wars

En el 2022, Carlos Antonio se jubiló y entonces le tocó coger las riendas del negocio a Rosi, que llevaba ya una década tras el mostrador junto a su padre. Señala que para ella fue tremendamente bonito encargarse del comercio y que, aunque lo que peor lleva es la conciliación de la vida laboral con la familiar a cuenta de los horarios de apertura, no puede estar más contenta con la decisión tomada: «Me gusta atender a la gente, ir cambiando cositas para que además de nuestro público habitual, que es mayor, entre también gente joven», dice. Fue incorporando artículos y por ejemplo acaba de introducir unas piezas de joyería de una artesana pontevedresa que están triunfando. También hace pinitos en las redes sociales y A Moda Dabaixo está en Instagram.

Rosi señala que estar en la zona monumental de Pontevedra, donde primero tenían alquilado el local y luego sus padres lo compraron, es toda una ventaja: «Pasa muchísima gente por aquí y en el verano vienen muchos turistas», indica. Le gusta decir que un caballero puede entrar por la puerta y salir completamente vestido, ya que tienen desde ropa interior a jerséis o paraguas. Y cuenta con emoción que a veces quienes cruzan la puerta solo buscan ver cómo es el local o sacarse una foto junto a las estanterías: «Es que queda poco comercio antiguo en Pontevedra y este lo es... así que funciona como tienda y un poco como museo».

Si algo tiene buena salida son los sombreros que lucen en las estanterías o algunos clásicos, como los pijamas de tela abrochados por delante. De estos últimos, indica: «Los lleva gente joven también, gustan mucho». Rosi busca reinventarse siempre. A saber: siempre vendió banderas de España y Galicia, pero un día un cliente le pidió una de la Unión Europea, que inmediatamente incorporó a su tienda. ¿Quiénes las compran? «Vienen a por ellas muchos cámping y hoteles», explica. Son las diez y empieza a entrar clientela. Hay ambiente. Rosi, todo paciencia, atiende con mimo. Con delicadeza. Pero suelta perlas: «Hay quien dice que no viene aquí porque es una tienda cara... yo les digo que aquí lo que encuentran es producto español de calidad».