El difícil adiós del maestro Moncho, capaz de hacer soñar a sus alumnos

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Moncho Hermida, en una foto que le representa porque los barcos eran una de sus pasiones.
Moncho Hermida, en una foto que le representa porque los barcos eran una de sus pasiones.

Moncho Hermida Posse, de Pontevedra y defensor a ultranza de su ría, falleció a los 66 años, solo unos meses después de que lo hiciese Mercedes, que fue su mujer

21 ene 2023 . Actualizado a las 13:10 h.

Moncho Hermida Posse, natural de Pontevedra y maestro con infinita vocación, se marchó demasiado pronto. Falleció este viernes a los 66 años de edad. Pero, en realidad, había empezado a irse mucho antes, poco a poco. Desafortunadamente, una enfermedad degenerativa que le obligó ya a prejubilarse de la enseñanza le fue apartando paulatinamente de casi todo. Dice su hija Alba (tenía dos hijas, Alba y Noela) que eso debería haber preparado un poco a quienes le querían para su despedida. Pero no ha sido así. Porque Moncho era mucho Moncho. Vitalista, alegre y amigo de sus amigos, pasó por la vida contagiando su entusiasmo natural y tratando de poner su grano de arena para que esa cosa tan compleja llamada mundo funcionase un poquito mejor. 

Moncho fue maestro de primaria durante décadas. Cuando hablaba de su colegio en mayúsculas se refería al de Vilalonga, porque fue allí donde pasó veinte años dando clases. Pero también enseñó en otros centros como el de Campañó. Allí donde llegaba trataba de entusiasmar a los niños con sus proyectos. Su familia recuerda con emoción cómo vivió con intensidad uno sobre la vuelta al mundo, en el que acabó montando a los niños en un galeón y haciendo una travesía de Corbaceiras a Raxó, para meterles el gusanillo de las antiguas navegaciones y hacerles soñar con dar la vuelta al globo terráqueo. Quizás fue él el que más disfrutó del viaje, porque le encantaba los barcos y siempre tuvo la espinita de no haber aprendido a manejar uno de vela

Su carácter alegre se complementaba con una conciencia comprometida en muchos ámbitos. Fue miembro de la directiva de la Asociación Pola Defensa da Ría de Pontevedra (APDR), una entidad que solo tiene buenas palabras para él. También fue uno de los pilares de la asociación de vecinos de Eduardo Pondal y ayudó a dar vida a ese gran proyecto medioambiental que es Vaipolorío

Moncho consumió sus 66 años queriendo aprender. Tenía una bibilioteca gigante cuyos libros devoraba, con Saramago como gran referente literario. Amaba el conocimiento y hasta con la enfermedad ya pisándole los talones se apuntó a la UNED Sénior para seguir descubriendo cosas. Deja una huella de hombre sereno, lleno de amor y con un sexto sentido. Para muestra lo sucedido hace meses. A Moncho, ya muy enfermo, nadie le dijo que Mercedes, que fue su mujer, había fallecido (ella murió hace solo unos meses). Pero la noche de su óbito fue distinta que el resto para él; como si intuyese que ella se había marchado sin necesidad de que nadie se lo tuviese que comunicar. Ahora es él el que parte. Quizás lo haga en uno de esos barcos que tanto le gustaban. A vela y despacito, dejando estela en el mar. 

Moncho Hermida, en una foto que le representa porque los barcos eran una de sus pasiones.

A Moncho Hermida, compañeiro e amigo

Antón Masa

Despertabamos o venres coa triste nova do pasamento de Moncho Hermida. Mestre de profesión e vocación, o compañeiro Moncho soubo transmitir sempre o seu cariño e ilusión á hora de compartir os seus coñecementos ao longo dos anos de compromiso militante na xunta directiva da Asociación Pola Defensa da Ría, na que xogou un papel relevante. Como esquecer a súa participación nas pegadas de carteis? Apuntábase sempre que podía e, coa súa particular alegría, facíaas moito máis levadeiras.

Quixo o destino facer coincidir a súa marcha co 20 aniversario da data na que a APDR recollía no Teatro Principal o Premio Cidade de Pontevedra por ter conseguido a condena a Ence-Elnosa por delito ecolóxico e polo traballo desenvolvido na recollida do chapapote vertido polo Prestige ao longo da costa galega, un aspecto do noso traballo no que Moncho tivo unha participación máis que significativa. Recoñecemos hoxe o seu labor adicándolle ese prezado Cidade de Pontevedra en xusto homenaxe.

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