Loubna y su sueño en forma de parque de bolas en Pontevedra: «No tenía idea de negocios»

Cristina Barral Diéguez
cristina barral PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Loubna Nrhailat Diraoui, propietaria del parque de bolas AladdinPark de Pontevedra
Loubna Nrhailat Diraoui, propietaria del parque de bolas AladdinPark de Pontevedra ADRIÁN BAÚLDE

Natural de Marruecos, crio a sus tres hijas en la ciudad, retomó los estudios y en mayo arrancó AladdinPark en el barrio de Pasarón

24 ago 2022 . Actualizado a las 20:05 h.

Loubna Nrhailat Diraoui tenía 25 años cuando llegó a Pontevedra en el 2004. Su marido había recalado tres años antes en la ciudad y había encontrado trabajo como soldador en la empresa Ingeniería y Montajes Rías Bajas. «Llegué casada y embarazada de seis meses», recuerda. Antes de dejar El Jadida, la ciudad portuaria de la costa atlántica de Marruecos donde vivía, estudió algo de castellano para poder defenderse.

Loubna había cursado en su país bachillerato y tenía el título de secretariado y contabilidad. Una vez en Pontevedra se centró en criar a su primera hija, que hoy tiene 18 años. Tuvo algún trabajo cuidando niños y haciendo tareas domésticas en casas. Se integró, no sin dificultades, y cuenta anécdotas de aquella época. «Al principio claro que cuesta el idioma, veía dibujos con las niñas y aprendía con las canciones, recuerdo una de David Bisbal», relata ahora en un casi perfecto castellano.

En el 2009 le empezó a rondar por la cabeza la idea de montar un negocio para los más pequeños porque a esta mujer le gustan mucho los niños. Quería también convalidar sus estudios, pero lo fue dejando. Llegó a buscar algún local, pero volvió a priorizar la maternidad —tuvo otras dos hijas— sobre su sueño. Ya casi había descartado y se había olvidado de su proyecto empresarial. En el 2021 se matriculó en la escuela de adultos de Pontevedra, la EPA Río Lérez, y aprobó primero de la ESO. Cuando estaba en segundo e iba a celebrar el cumpleaños de su hija pequeña buscó un parque de bolas. «A mi hija le encanta Frozen y quería hacerle un cumpleaños temático. Al final no encontré lo que estaba buscando, pero en un sitio de Marín me dejaron hacer la decoración, personalizar las botellas y poner una mesa dulce», explica.

Una hermana de Loubna que vive en Suiza le preguntó quién había hecho todo el trabajo de decoración y a los padres de los niños que fueron al cumpleaños también les gustó. Fue un poco el espaldarazo que necesitaba para rescatar el proyecto de montar su propio parque de bolas. Hace cuatro meses, en mayo, nacía AladdinPark, en el barrio de Pasarón. Loubna es musulmana y antes no usaba velo. Se lo puso cuando nació su segunda hija a raíz de un accidente en Marruecos. Llevarlo podría ser un problema a la hora de atender su negocio y confiesa que le dio muchas vueltas: «Me echaba un poco para atrás y no sabía cómo me iban a acoger, si iba a venir la gente o no. Yo, la verdad, nunca había tenido problemas, pero son culturas muy distintas».

Al final decidió seguir con su idea. En la calle Luis Otero encontró un bajo donde había habido un parque de bolas y contactó con la inmobiliaria. Era un local grande, de 300 metros cuadrados, y luminoso que da a dos calles. «Es una zona tranquila, no es tan difícil aparcar como en el centro y me gustó. Me costó alquilarlo porque son muchos gastos y lo pasé mal al principio, pero poco a poco vamos trabajando», dice Loubna. En la reforma del bajo cambiaron muchas cosas y añadieron una cafetería. Tras la apertura, el negocio fue bien, aunque el verano, afirma su dueña, no es una época muy propicia para los parques de bolas. Además de Loubna, trabajan con ella en el local dos monitoras: «Yo no tenía ni idea de los negocios ni de autónomos. Solo quiero que se conozca y vaya bien».