«Por qué no soñar con tener a medio plazo un Starbucks gallego»

Nieves D. Amil
NIeves D. Amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Ramón Leiro

Dulce de Leche se extiende por Pontevedra con su cuarto local y ya piensa en su expansión fuera de la ciudad. Esta empresa de alma familiar nació en 1998 y hoy suma una treintena de empleados

12 oct 2021 . Actualizado a las 12:04 h.

El viejo café América es ya un nuevo Dulce de Leche. La jubilación de sus antiguos dueños abrió las puertas del local, pero sobre todo la mente de Valeria Giráldez que, después de acabar su carrera y estar un tiempo trabajando como periodista, se enamoró de este rincón entre la calle Riestra y Marquesa. Un día pasó caminando y pensó en que el cuarto negocio de la familia podía abrirse ahí dando un empujón a la siguiente generación de hosteleras. Porque en esta familia se habla en femenino. Su madre, Lourdes, montó el de la avenida Reina Victoria y su tía dirige el de la avenida María Victoria Morena. Las hermanas Rodríguez atienden el Dulce de Leche del centro y si algo las une es que todas ponen el alma en cada uno de ellos. Por encima de todos está la abuela, Mercedes Valverde, que los cuida como una matriarca que nada falle. Es el alma oculta detrás de cada una. Este lunes también se pasó por el nuevo local. 

Era como si la actividad hubiese empezado días antes y los nervios se iban disipando a medida que salían cafés. El bagaje detrás de la barra es largo y Valeria Giráldez, que desde niña ha mamado el negocio familiar, reconoce que este es un primer paso para ella: «¿Por qué no soñar con tener a medio plazo un Starbucks gallego?». Esa reflexión en alto no es más que un sueño. Pontevedra es la primera parada de un negocio, que después de tener cuatro locales, no descarta seguir creciendo. «Ahora no lo considero un reto. Poner en marcha esta cafetería requiere esfuerzo, pero yo crecí en la cultura del esfuerzo y no creo que haya nada imposible», apunta Valeria. 

Su madre la arropó en este primer día. Para ella volver a trabajar en la calle Riestra es un viaje en el tiempo. Hace años tuvo ahí un negocio de enmarcar cuadros pero, cuando se quedó embarazada, lo traspasó para evitar riesgos. Los últimos meses los pasó en casa y, cada vez que veía desde su ventana la esquina de la avenida Reina Victoria con la calle Palamios, pensaba que era el rincón perfecto para abrir un negocio. «En mi cabeza me lo imaginaba acristalada, siendo lo que es ahora, un lugar en el que todos se sienten como en casa», explica Lourdes Rodríguez.