El trapero que abrió una casa para compartirla con personas de la calle

María Hermida
maría hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

RAMON LEIRO

José María García respalda a Boa Vida, un colectivo solidario pontevedrés

22 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Corría el año 1976. José María García Bresó, de Navarra y con estudios de Teología y Filosofía, hace un día autostop y llega hasta Bilbao. Entra en un bar, hojea el periódico y se topa con una nota que dice: «Emaús, una alternativa al suicido». Y esas seis palabras escritas en tinta negra le cambian totalmente la vida. Porque José María siguió la pista de ese anuncio. Fue a una reunión y conoció qué era eso de Emaús. Se enteró entonces de que se trataba de una organización internacional fundada por un sacerdote francés, Abate Pierre, para luchar contra la exclusión social. Y supo que la máxima de este hombre era que había que señalar las desigualdades, pero sobre todo había que actuar contra ellas. Eso decidió hacer José María. Con 24 años, abrió una casa en Pamplona para acoger a personas de la calle. Ese mismo hombre, que ya peina canas, preside ahora la asociación de Emaús en España y dirige el grupo del mismo enorme en Navarra, al que están vinculadas laboralmente 300 personas. Además, inspira a muchos colectivos para ayudar a personas desfavorecidas. Entre ellos está Boa Vida, de Pontevedra, al que visitó y escuchó hace unos días.

José María recuerda bien aquellos inicios en Pamplona. Corría el año 1978 cuando logró abrir una casa para acoger a personas desfavorecidas. «Fue una experiencia muy fuerte, el 75 % de los que venían a la comunidad traían unas mochilas de vida muy complicadas», dice. Hasta allí llegaban ciudadanos que entraban y salían de prisión, personas con problemas psiquiátricos, con experiencias vitales explosivas... Dice que no fue nada fácil el comienzo. Pero en el espíritu de todo estaba imponer el respeto entre iguales, que la amistad y la amabilidad fuesen la bandera de la casa. Llegaron a convivir veinte personas en cien metros cuadrados. A partir de ahí, fue haciendo piña con otros grupos de Emaús que había por España y por Europa -hay 400 repartidos por todo el mundo-.

Recogida y reutilización

Y encontró una manera de financiar el proyecto solidario. Comenzaron a recoger todo tipo de enseres, desde ropa a electrodomésticos, para vender, reutilizar o reciclar. Se convirtieron en traperos. Todo empezó de forma muy tímida, siempre con el mismo objetivo: «Vivir del trabajo siendo respetuosos con las personas y con la naturaleza. En un mundo que tira, tira y tira nosotros reciclamos, separamos, reutilizamos... todo puede tener una segunda vida», dice José María.

A su proyecto se fueron uniendo más personas. Creció, se convirtió en una fundación sin ánimo de lucro y junto con otros grupos de Emaús en España, que montaron cooperativas o empresas de inserción social, fueron firmando convenios con Administraciones, por ejemplo, para encargarse de la recogida y reciclaje de residuos. También de limpiar trasteros o viviendas de las que poder sacar enseres para darles una segunda oportunidad. Ahora mismo, en el grupo de Emaús de Navarra, que dirige José María, hay 300 personas viviendo de ese trabajo.

Por supuesto, se busca dar empleo a personas en riesgo de exclusión y se promueve el valor con el que empezó todo: el respeto entre iguales. «Siempre partimos de que las personas son mucho más importantes que la producción y todas nuestras relaciones tienen un talante de generosidad y de respeto a la madre tierra», señala José María.

Con esta filosofía llegó la semana pasada a Pontevedra, donde se celebró una asamblea de grupos de traperos de Emaús de toda España. Se habló de empleo, de reciclaje y de cómo seguir ayudando a que personas desfavorecidas accedan a un puesto de trabajo y, de paso, se contribuya a que los concellos cumplan con la gestión de residuos. José María fue una de las personas que tomó la palabra. Pero también lo hizo Paco López, que dirige el grupo de traperos de Emaús de Murcia, que están ligados 50 trabajadores. Y desde Pontevedra habló Lourdes Bustamante, que forma parte de Boa Vida y que es la gerente de las tiendas de segunda mano que tiene el colectivo en la ciudad pontevedresa y de la empresa de inserción Vivir do Traballo. Ella, que sabe lo que es salir de Venezuela dejando atrás toda su vida, explicó cómo proyectos como los de Boa Vida te pueden ayudar en los peores momentos.