La milla de oro del Camino en Pontevedra: medio kilómetro de albergues y hoteles recibe a los peregrinos

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA/ LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Manuel Vidal, propietario del albergue Dpaso Urban Hostel de Pontevedra
Manuel Vidal, propietario del albergue Dpaso Urban Hostel de Pontevedra Capotillo

La oferta se queda corta estos días en el Gorgullón: «Nos dicen que les da igual dormir en el suelo»

26 ago 2021 . Actualizado a las 12:06 h.

Es algo más de medio kilómetro que nace en la estación de autobuses y muere al llegar al cruce de Eduardo Pondal y Virxe Peregrina. Son 500 metros de hospedajes, la milla de oro del Camino de Santiago, donde conviven cuatro albergues, unos apartamentos turísticos, un hotel y un hostal. Es difícil pasar por O Gorgullón y no cruzarse con peregrinos. Da igual la hora del día, si es por la mañana pasan móvil en mano buscando su hospedaje, y si es por la tarde, descansan en las inmediaciones.

La cara de la calle es ahora internacional. Ana Redondo, del albergue Aloxa, cuenta que ellos fueron los primeros en asentarse en esta arteria en la que arranca el tramo urbano del Camino. Son la primera impresión de Pontevedra para los miles de peregrinos que este verano entran en la ciudad. Pero, ¿hay demanda para cubrir tanta oferta? La respuesta es unánime: sí. Y más este año. «Las restricciones en el aforo dejan una sensación horrible de no poder atender a la gente. A 21 de agosto lo aumentan al 50 %, ya es tarde. El riesgo es el mismo con un porcentaje u otro», apunta Redondo, que al igual que los responsables de otros albergues reconoce que «el teléfono no deja de sonar, no hay donde meter a tanta gente. Nos dicen que les da igual dormir en el suelo o en un sofá, pero ¡esto no es un problema de camas!».

La buena sintonía entre los albergues de esta milla de oro hace que se repartan el trabajo, pero como dice Manuel Vidal, de Dpaso Urban Hostel, «cuando hay para uno es que hay para todos». Él y su hermano abrieron en pandemia atraídos por el tirón de la calle y del Camino. Convirtieron el almacén de cortinas de una empresa familiar en un albergue de 20 plazas. La pandemia, como al de Nacama y GBC, en los extremos de la calle, se les coló en el camino. Vidal Araújo abrió en junio del 2020. Aún no sabe lo que es un año a pleno rendimiento, pero las expectativas son buenas. «En teoría lo vimos como una buena oportunidad para ganar en calidad de vida, ahora si se van aliviando las restricciones, lo será», explica Manuel Vidal, que como Ana Redondo, reconoce que muchos hasta le piden dormir en el salón.