Dos caras de negocios históricos: Os Maristas renace y As Reixas dice adiós

Nieves D. Amil
nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Un chef formado con Pepe Vieira y Román coge el local de la Verdura

11 jul 2021 . Actualizado a las 19:10 h.

La vida en las ciudades la ponen los bares, las tertulias que surgen alrededor de una caña, de un café o de un buen plato de comida. Muchos de ellos, con los años, pasan de ser un simple local a convertirse en esa especie de catedrales del ocio de las que todos guardamos un capítulo de nuestra historia. Algunos de ellos perduran o se reinventan y otros, se despiden después de una vida detrás del mostrador. ¿Qué harán los cientos de pontevedreses que tenían en el Reixas ese templo en el que los rezos se cambian por las cervezas o las tazas de vino?

Sesenta años después de que abriese sus puertas ha llegado la hora de despedirse. Atrás quedan cuatro paredes que son la historia viva de muchas generaciones. Los que empezaron yendo con sus padres, van ahora con sus hijos. El Reixas es el mismo. La misma barra, las mismas mesas y el mismo servicio, de los pocos ya que quedan así en la ciudad. Quien lo conozca sabe de lo que se habla. Y quien no, que no deje la oportunidad de tomarse algo en uno de los locales más míticos de la ciudad, que ahora está a punto de cerrar. Pocos son los que no probaron sus huevos cocidos con aceite y pimentón con un quinto de cerveza. Sus dueños supieron mantener la esencia con la que nació con el paso de los años. Lo único que ha ido cambiando, o mejor dicho, aumentando, fueron los pósteres de los distintos equipos de la ciudad. Porque como en cualquier buena tertulia, el Teucro, el Cisne o el Pontevedra también tienen su espacio. Aquí, incluso tienen un hueco en las paredes, junto a carteles de toreros o promociones de cine.

Y mientras unos dicen adiós y pasan página en su historia, otros empiezan a escribirla. Arón Álvarez llevaba una década persiguiendo un sueño que llegó este verano en Os Maristas. El emblemático local de la Verdura llevaba dos años cerrado hasta que Arón y su hermano Rubén, apoyados por sus padres, se metieron en una aventura gastronómica en la que cuidaron lo que se come, pero también cómo se come y dónde se come. El nuevo Os Maristas conserva el nombre del viejo local. Ese es el lazo que les une con el pasado. El resto salió de la cabeza de Arón, que creció gastronómicamente en el restaurante estrella Michelin de Pepe Vieira y en Casa Román. Desde la cocina de Os Maristas reconoce que en este camino que empieza su único objetivo es «ser feliz y que le guste a la gente».

De estas dos semanas que lleva abierto solo tiene buenas sensaciones. Pasado el nerviosismo de los primeros días está empezando a disfrutar. No solo porque lo diga, sino porque se ve. «Con Pepe Vieira me enamoré de la cocina y en Casa Román me formé como cocinero de verdad», resume Arón sobre los diez años que estuvo por cuenta ajena hasta que volvió a dar vida a Os Maristas.

Cuatro años madurando la idea

Su madre, Ana Novás, lo apoya desde fuera de la cocina. Habla de su hijo y del proyecto con la misma pasión que él pone en la cocina. «Nos gustaba la Verdura y el espacio. Llevaba cuatro o cinco años madurando la idea y habíamos visto más sitios, pero esto nos enamoró», apunta Ana, que enseña con mimo las mesas recién puestas para el servicio. El estilo vintage se impone en la cubertería y en la estética de un local que trajo los azulejos de la barra de Italia o envejeció la madera de las paredes para darle un aspecto negro como escamado.

El cuidado de la estética lo trasladan a los platos. Eso sí, en Os Maristas, el producto tradicional se impone con una vuelta de tuerca que logre convencer a Arón. «Es comida tradicional, renovada y con un aspecto muy visual», apunta Ana Novás, mientras Arón asegura que una de sus cualidades es la autoexigencia. Y más en una ciudad donde la competencia gastronómica es alta. «Si vienes a Os Maristas te recomiendo unas croquetas, canelones, hamburguesa y de postre una tarta peregrino, que presentamos en una concha de vieira con un helado al lado», apunta Álvarez, sobre un menú en continua evolución.

Pero además, el renacer de Os Maristas en estas nuevas manos es también una apuesta por lo local. Así que los chicos de Queixo y aparte, en la calle Virxe Peregrina, así como la floristería Indigo, también dejaron su apuesta en un local reeditado y reinventado.

Arón y su hermano Rubén recalcan la importancia de rodearse de apasionados de su trabajo para que todo funcione. Esa máxima la aplicaron a su negocio y con una pizca de suerte y otra de trabajo esperan poder coger pronto velocidad de crucero. El positivismo de esta familia no lo apaga ni el covid. «El parón de la pandemia hasta me vino bien para poder dar una vuelta a los platos y a los emplatados», explica Arón, mientras a su alrededor Fernanda y Delei preparan la terraza para comenzar el servicio de comidas. Antes de seguir preparando la masa de sus croquetas, el cocinero reconoce con satisfacción que «este era mi sueño desde que empecé a estudiar y ahora estoy aquí». Su apuesta por la Verdura le da una nueva vida a uno de los rincones históricos de Pontevedra. Quién sabe si el Reixas seguirá el mismo camino.