Decenas de jóvenes dan la espalda a los cribados de covid en Pontevedra

María Hermida
María Hermida PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

MONICA IRAGO

«Vienen muy poquitos, es una pena», se quejan los sanitarios que hacen las pruebas

05 jul 2021 . Actualizado a las 10:47 h.

Tendrán que pasar unos días hasta que el Sergas pueda hacer un balance total de los cribados preventivos a los jóvenes en el área sanitaria de Pontevedra-O Salnés, la más afectada por el megabrote de Mallorca (con 125 positivos de ese foco). Pero, de antemano, las sensaciones de los sanitarios no son buenas. ¿Por qué? Porque decenas de muchachos convocados le han dado la espalda a las pruebas. Al menos, sucede así en el sitio donde se citó a más personas: la caseta de cribados ubicada en el párking del Hospital Provincial de Pontevedra. Desde allí, ayer por la mañana, una sanitaria mostraba el taco enorme de fichas de personas que no acudieron. Y señalaba: «Todos estos tenían que haber venido antes de las 12, no lo hicieron... dudo que lo hagan». El reloj estaba justo a punto de llegar al mediodía cuando esta profesional, como las demás de este puesto, mostraba su impotencia por lo que está pasando. «Es que vienen muy pocos y te da mucha pena, porque así no vamos a lograr acabar con esto».

A cuenta del megabrote de Mallorca y del consiguiente ascenso fulminante del covid-19 en el área sanitaria -principalmente en la ciudad de Pontevedra, que subió de nivel, con gravísimas consecuencias para el sector hostelero-, el Sergas programó varios días de cribados intensivos a los jóvenes, con miles de convocados. El objetivo, lógicamente, es testar a la población que más se está contagiando para frenar la inminente escalada de casos.

Pero, de momento, la afluencia no está siendo masiva. Pongamos algún ejemplo. El sábado por la mañana estaban citados más de 300 muchachos para hacerse una prueba de covid en el Provincial. Solo fueron algo más de 100, según fuentes sanitarias. Ayer, domingo, hubo un poco más de concurrencia. Pero no la deseada. Sobre las 12.00 horas, el personal convocado llegaba a cuentagotas. No había ni cola ni nada que se le pareciese -sí había más afluencia en el otro puesto, en el que testan a las personas que son contactos estrechos de positivos-. Un joven que sí acudió señalaba: «A mí no se me ocurriría pasar de hacerme la prueba, tengo padres y abuelos y no quiero contagiarles si yo soy positivo, que no creo».