«Voy cada día a ver a mi niña en coma, cómo me la van a llevar de Pontevedra»

Nieves D. Amil
Nieves d. amil PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

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Esta familia pelea para buscar una alternativa tras el cierre de Santa María

12 jun 2021 . Actualizado a las 21:54 h.

Se refiere a ella como una «niña», su niña, aunque tiene ya 42 años. A Cristina Albar su vida se le detuvo cuando su hija María sufrió un accidente de tráfico el 14 de febrero de hace 18 años y quedó entre el amasijo de hierros del coche a tan solo 500 metros de su casa de Sanxenxo. Tenía 24 años y después de un tiempo en la clínica de salud mental y neurorehabilitación Guttman de Barcelona regresó a Pontevedra. Pasó un año y medio en La Merced y desde entonces vive en un coma vigil en el sanatorio de Santa María. Esta semana les avisaron que tendrían que buscar otra residencia para María o llevársela para casa por el cierre del centro de Hestia Alliance. «Desde que mi niña está en coma, vengo cada día a verla, cómo me la van a llevar fuera de Pontevedra. El covid nos partió y redujo las visitas, pero hasta entonces estuve junto a ella todos los días, mañana y tarde», explica este mujer de 82 años, que todavía conserva la vitalidad. Junto a ella está su otra hija. «Mi madre, por María, peregrina a donde haga falta, se enfrenta a todo», explica. Este jueves tocó unirse a la protesta de los trabajadores. Era la única familia que coreó los gritos de «no al cierre».

El pasado viernes empezaron a oír que podrían cerrar y desde entonces no han parado de buscar una alternativa que no acaba de llegar. «Es una niña que está en coma y necesita atención sociosanitaria las 24 horas, no puede estar en casa, esto no se le hace a nadie», apunta su hermana Marisol Sieira, que explica como ocurrió: «Era una chica fuerte y llena de vida, por eso lo superó, pero quedó en coma vigil». Todavía está en Santa María a la espera de que encuentren una solución para María. «A mí me mandan a mi niña fuera y qué hago yo», recalca la madre, quien explica que «mi hija está acostumbrada a estar aquí, no podemos ir tan lejos, aunque sea a Santiago».

Esta familia reserva cada día dos o tres horas para ir a verla. No ve viable que «la niña» no esté para la semana en la avenida de Santa María. «Aquí nadie da explicaciones, no es un desahucio cualquiera, si hay niños te protegen, pero estos son dependientes», lamenta Cristina Albar. María abre los ojos y tanto su madre como sus hermanos Marisol y José Luis sienten que los mira. «Le pides un beso y te lo da», explica su madre, que recuerda esos meses después del accidente. «Le hicieron 14 operaciones de los huesos y una gran rehabilitación en la Guttman, sino estaría muerta», apunta Marisol Sieira, que junto a las trabajadoras del centro recalca que este cierre «es tremendo, fuera de Pontevedra es inhumano».