Índigo, un pequeño paraíso botánico

carolina sertal PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

Dos madrileños revolucionan el concepto de floristería en Pontevedra

02 may 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Sin apenas haber cruzado la puerta de entrada, un aroma distinto llama la atención y anuncia que una se está adentrando en un lugar especial o, cuando menos, curioso. Decenas de ramilletes cuelgan del techo, mientras que en las estanterías los visitantes podrían perderse entre todos los detalles que estas guardan: desde terrarios inspirados en los frascos de recolección botánica de las expediciones científicas del siglo XVIII hasta prensas botánicas, fanales con cúpula de cristal, cerámicas y, por supuesto, diferentes variedades de flores.

Al fondo de la tienda, Hugo Morales y Ricardo García combinan flores con mucho mimo para dar salida a todos los encargos que tienen por el Día de la Madre, pero los apartan un momento y recogen la mesa para contar cómo se fueron de Madrid y aterrizaron en Pontevedra para abrir las puertas de Índigo.

«Después de mucho tiempo trabajando en moda y botánica, respectivamente, decidimos juntarnos y crear algo distinto. Nuestro fin principal era cultivar nuestra propia flor y eso en Madrid era inviable porque los terrenos más cercanos estaban en Guadalajara. Además, lo más caro del cultivo de flores es el agua y aquí literalmente cae del cielo, por eso que cuando mi hermano sugirió que buscáramos en Pontevedra algún local, nos picó la curiosidad», explica Morales.

Fue así como, tras comprobar que las condiciones climatológicas de la zona contaban con una pluviometría equivalente a la de Inglaterra, lo cual se ajustaba perfectamente al tipo de flor que querían trabajar, ambos se decantaron por instalarse hace cuatro años en la Praza Alonso de Fonseca.

«Somos conscientes de que Índigo no es una tienda al uso, de hecho, cuando se entra en ella se nos puede ver trabajar en la zona del taller, porque entendemos que es un trabajo bonito en sí mismo», explica Hugo, quien trabajó durante mucho tiempo en el Real Jardín Botánico de Madrid.

Tanto él como Ricardo coinciden en que su establecimiento también es una tienda de curiosidades, puesto que está muy inspirada en las tiendas de antigüedades de los años 80, «donde siempre podrás encontrar algo relacionado con el arte o la botánica que te va a sorprender», indican, señalando también que las flores no son «algo prohibitivo, un lujo», de ahí que dispongan de productos aptos para todos los bolsillos.

El secreto está en el mimo

El concepto de floristería que estos dos madrileños comparten es un concepto inglés y comentan que no limitan su negocio al término de floristería, sino que se dedican a las artes decorativas.

El diseñador Ricardo García explica que su filosofía de trabajo pasar por «el mimo, el cuidado en todo lo que hacemos, más allá incluso de la propia flor. Nosotros aquí no conocíamos a nadie, por eso a cada cliente que entra por la puerta le dedicamos tiempo, hay muchos que incluso se han convertido en amigos con el paso del tiempo».

En este sentido, García hace referencia a que los encargos que hacen para bodas «siempre son únicos y personalizados». Así, él se ocupa de ilustrar en acuarelas la decoración para ese día tan especial, lo que le sirve a Hugo como hoja de ruta para seleccionar la flor.

Como para gran parte de la población, la pandemia supuso un antes y un después para Índigo, sin embargo, apuntan que «la gente se volcó muchísimo con nosotros. Llegamos a dar salida a 290 encargos solo entre dos en el Día de la Madre, pero fue muy conmovedor ver los mensajes que escribían y cada ramo era como si fuera destinado a la nuestra, con el mismo cariño».

Artes decorativas con cultivos de granjas de flores ecológicas

Si algo tenían claro tanto Hugo Morales como Ricardo García cuando apostaron por emprender su propio modelo de negocio, es que este se basaría en un concepto de floristería ecológica, en el sentido más amplio de la palabra.

Más allá de no emplear químicos o productos perjudiciales para el medio ambiente, desde Índigo se procura la colaboración con granjas de proximidad, donde las flores se cultivan de forma sostenible, al aire libre, recibiendo las visitas de los insectos e intentando que la manipulación sea mínima.

Con dos temporadas de antelación, Ricardo crea una paleta de colores y texturas en base a las tendencias de moda que se llevarán o están despuntando. Esa carta de colores que crea se la pasa directamente a Hugo, quien se ocupa de elaborar una cama de semillas que posteriormente distribuyen por las granjas con las que colaboran y están situadas en Pontevedra, Redondela, Melide y A Coruña.

«La mayoría de nuestras flores son cultivadas de esta forma y, aunque es cierto que a veces tenemos que encargar una flor concreta a Holanda porque nos la piden, siempre procuramos que al menos el 60 por ciento de nuestras flores sean de productores locales. El hecho de que nuestras flores vivan libres, creo que es lo que realmente las hace especiales», comenta este botánico.

Asimismo, Morales explica que en Índigo lo que ofrecen son «flores de jardín y no de jarrón», haciendo referencia a que en el mundo de la floristería industrial, «el hecho de que las flores sean cultivadas en grandes invernaderos sin saber lo que es la tierra o el sol, marca mucho la diferencia, ya que pierden su aroma, la forma en los tallos y la naturalidad. Y creo que las personas que compran flores lo hacen porque buscan que la transporten a la naturaleza o que esta vaya a sus casas», señala.