En el filo de la navaja

El retraso del toque de queda, se agradece. Los alivios en la hostelería son mediocres y mejorables. Pero persiste la sombra de un nuevo cierre

Un medidor de dióxido de carbono en el restaurante Casa Román, de Pontevedra
Un medidor de dióxido de carbono en el restaurante Casa Román, de Pontevedra

Es una situación chocante que bordea la contradicción. Desde el viernes hemos estrenado alivios notables para la vida cotidiana y el ocio como la hora más de vida en el exterior antes de recluirnos en nuestros domicilios y la ampliación de horarios para cenas. Aunque solo en restaurantes. Pero en cambio, la tasa de incidencia por el aumento de contagios sigue creciendo, lenta pero inexorablemente. Tanto en la ciudad de Pontevedra como, sobre todo, en algunas localidades de O Salnés.

Ahí está el caso de O Grove, perimetrado y con la hostelería cerrada a cal y canto. Ahí están también otros concellos del entorno de la capital, como Marín, Sanxenxo, Soutomaior o Vilaboa que figuran entre los quince pontevedreses que militan en el nivel medio de restricciones a partir del lunes. Y que, en virtud de su evolución, podrían evitar, pero también adentrarse en restricciones mayores.

La Xunta, siempre bajo el escudo del comité clínico, adoptó medidas de distensión para la mayoría de los municipios de la comunidad en base a la mejoría que presentábamos. Máxime en comparación con otras autonomías cercanas e incluso con Portugal que mantienen datos epidemiológicos peores. Pero al mismo tiempo, se cierne la sombra creciente del incremento sostenido de contagios que, ojalá, no devenga en la temida cuarta ola, avisada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

No es consuelo suficiente, pero al menos unos 600.000 gallegos y gallegas ya están medio vacunados. Pero sería inconsciente no admitir que estamos en el filo de la navaja.

Modelo «Díaz Ayuso»

El presidente Núñez Feijoo ha reiterado que no quieren cometer los errores que propiciaron que después de las Navidades nos zambulléramos en la terrible tercera ola que tantas vidas y sufrimiento ha vuelto a costarnos. Aquella tolerancia con la movilidad y las reuniones familiares, fue fatal.

El equilibrio entre distender las restricciones gradualmente para evitar asfixiar a los sectores económicos más castigados y mantener el control de la situación sanitaria, no es sencillo. Hasta ahora Feijoo cuando tuvo que decantarse lo hizo por la línea dura. Ahí está la secuencia de protestas que la hostelería de toda Galicia realizó en las principales ciudades y especialmente en Santiago. A cambio, el Gobierno autonómico consignó 160 millones de euros en los dos planes de rescate al sector que tuvo que desplegar entre el 2020 y el 2021 para sofocar las protestas. A uno y otro, se presentaron cerca de 80.000 solicitudes. Las ayudas del segundo aún se están empezando a pagar en estos días.

Comienza a trascender la sensación de que el presidente gallego está más por aplicar un modelo «Díaz Ayuso». Como en Madrid. Es decir, una flexibilidad aparentemente mayor con la hostelería y un replanteo de las restricciones, solo ceñidas a concellos sin extenderlas al resto de las respectivas comarcas o bien a las áreas sanitarias, como tuvimos en otros momentos. Confiemos en que sepan dar con la fórmula adecuada.

Agravio comparativo

De momento, la sensación que se transmite es de improvisación. Véanse las noches del viernes y del sábado que han servido para empezar a testar la respuesta de los consumidores a la ampliación de horarios de los restaurantes hasta las once de la noche. La impresión es desigual. La medida se agradece por el sector. Pero a continuación se juzga como «muy escasa» y cogida con alfileres. Ya fue chocante la forma en que Feijoo explicó en la rueda de prensa del miércoles, el tope horario. Sin posteriores aclaraciones, la normativa plantea que el establecimiento puede trabajar hasta las once, pero en la práctica, la clientela y los propios trabajadores del local deberán plegar antes para cumplir con el toque de queda.

Sobre todo, se incurre en un manifiesto agravio comparativo que solo cabe imputar al desconocimiento de quienes redactaron la orden publicada en el DOG. ¡No pensarán los conselleiros responsables y sus subordinados que todos los ciudadanos pueden ir a cenar a restaurantes de gama alta! No quiero pensar que llevar tantos años subido al coche oficial, haya desconectado tanto al propio vicepresidente de la Xunta de lo que es la realidad cotidiana del ciudadano de a pie.

Como se pregunta la asociación pontevedresa Hoempo: ¿qué razón hay para que la Xunta circunscriba el ámbito de aplicación solo a los restaurantes y descuide a las taperías, mesones u otros locales de hostelería con cocina que pueden dar cenas? Piensen solo en los existentes en las calles y plazas del centro histórico de Pontevedra.

Medida elitista

Como dijo Iñaki Bretal, flamante nueva estrella Michelin, «¿qué diferencia hay entre estar cenando unas croquetas o un menú degustación?». Lo dice quién puede abrir y trabajar hasta las once en el Eirado da Leña, pero en cambio debe cerrar el Loaira a las nueve.

O como reclamaba en estas mismas páginas Adrián Guerra, uno de los socios del Bagos, quien recordaba que «hoy en día los locales somos más versátiles y me pregunto si las taperías somos más cutres que los restaurantes. Es una medida elitista», sentenció. Y con toda la razón.

Si la Xunta escucha y toma nota de las reacciones del sector, cabe esperar que matice y mejore la orden ampliando el ámbito de aplicación de esa ampliación horaria. Lo contrario sería soberbia.

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