El confinamiento transformó su pequeño local en Pontevedra en una ventana al país

Nanda Castro convirtió Pontejabón en Aromara en un año en el que «aprendimos a mimarnos y a cuidar nuestra casa»


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Nanda Castro no sabe estar quieta. Las ideas se agolpan en su cabeza a diario. Hace unos años revolucionó el comercio local cuando ajustó su horario comercial para poder conciliar, descansando dos tardes para estar con su niña. Su negocio es un estilo de vida. Una forma de ser y de entender cómo se puede vivir en consonancia con «lo natural». Es natural que una madre quiera cuidar a su hija y no delegar en terceras personas, como es natural el olor de una casa o los productos que vende para el cuidado personal. Todos eso era Pontejabón.

El confinamiento lo convirtió en Aromara y forzó muchos cambios que Nanda llevaba años maquinando. El primero fue abrir la web (www.aromara.es) y transformar su pequeño local de la calle Marquesa en una ventana abierta a todo el país. Y eso necesitaba un cambio de nombre. «Mis clientes se refieren a mí como la tienda de las velas, otros como la de los jabones, otros como la de los olores, así que estaba claro que el aroma era el hilo conductor», explica esta emprendedora.

No se puede decir que Nanda Castro sea solo empresaria, es la eterna emprendedora. Funcionaba su primer concepto de tienda y lo hace también este con un concepto mucho más amplio, además de tener otros proyectos en marcha vinculados siempre al mismo sector. «La pandemia nos enseñó a mimarnos nosotros y a nuestra casa y nos dimos cuenta de la importancia de cuidar el planeta, de apostar por lo natural», apunta esta pontevedresa, que prosigue: «Para que os hagáis una idea, si hace nueve años, el 5 % de mis clientas usaban un champú sólido, hoy son el 95 %». En su tienda no hay químicos. «No hay nada con químicos», explica, mientras repite «orgánico, vegano y natural» para hablar de buena parte de los productos que vende y que llegan desde Estados Unidos o desde Pontevedra, como la marca de cosmética Gaura. «Yo no vendo nada que no haya probado en mi piel, soy el conejillo de indias de Aromara», bromea Castro sobre los productos que tiene a la venta.

Casi una década

Cuando hace casi una década, Nanda rompió con su trayectoria laboral y quiso convertir un estilo de vida en negocio, no faltaron voces que le preguntaron si estaba segura de lo que hacía. Y vaya si lo estaba. «Aquí hay mercado, ha costado educar a la gente de las ventajas de los productos naturales, pero siempre es mejor apostar por la calidad y en este caso no es más costoso», comenta la responsable de Aromara, la nueva marca que sucede a Pontejabón y que es fruto de las mil vueltas que esta emprendedora le dio a la cabeza cuando estuvo encerrada durante el confinamiento. «Siempre que entra alguien lo primero que dice es ‘qué rico huele aquí'. Son aromas y Aromara es el mar de los aromas, que sube y baja, que está en movimiento continúo como yo. Además de que Mara es el nombre de mi hija», explica esta licenciada en Ciencias del Mar sobre el origen de un nombre que nace del encierro de la pandemia.

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