«Subir unha montaña é gañar autoestima»

Carmen Iglesias, presidenta del club Aromon de Pontevedra, dice que lo importante no es llegar a la cima. Cada paso dado «é un logro, un esforzo que paga a pena»

Carme Iglesias, presidenta del club de orientación y montañismo Aromon, de Pontevedra
Carme Iglesias, presidenta del club de orientación y montañismo Aromon, de Pontevedra

pontevedra / la voz

Hay una canción de Amaral que dice algo así como «si volviera a nacer, si empezara de nuevo, volvería a buscarte en mi nave del tiempo». Todos tenemos algo o alguien que siempre rescataríamos, que no debería faltar por todo lo que nos da. En la cima de esas cosas importantes, en la vida de Carmen Iglesias Nieto (Barro, 1969) está la montaña. El monte, en todas sus versiones, desde la escalada y el alpinismo al senderismo más básico y las divertidas actividades de orientación, le han dado y le dan mucho. Hasta el amor, como reconoce entre sonrisas: «Pois si, grazas á montaña coñecín ao meu home, Manolo». Ella es la presidenta de una entidad emblemática en Pontevedra, Aromon, que nació de la fusión del club de montaña Montañeiros y del de orientación A Roelo. Su actividad es deportiva. Pero no solo es eso. Carmen reconoce que la montaña da muchas más cosas que una maravillosa posibilidad de ejercitarse. «Subir unha montaña é gañar autoestima. E nin sequera fai falta chegar arriba, cada paso é un logro, un esforzo que paga a pena», enfatiza.

El siglo pasado estaba a punto de morir cuando Carmen se encontró con la montaña. Ella se crió en la aldea de A Portela, en Barro -«e seguirei sendo sempre da aldea», puntualiza- y le gustaba la naturaleza, pero nunca antes había tenido una especial adherencia con el monte. En 1999, y tras unos años personales y familiares muy duros, Carmen, que entonces tenía treinta años, decidió que tenía que buscar algo que le motivase, que le ayudase a salir adelante. Y ese algo fue el deporte. Se anotó a natación, a squash y un día sintió que tenía que aprender a escalar. Fue así como llegó hasta Montañeiros. Se preparó a fondo -insiste mucho en esa cuestión, en que «á montaña hai que ir preparado»-, hizo cursos y, tras un año de trabajo, allí estaba ella, escalando la vía sur del pico Urriellu (también llamado Naranjo de Bulnes). Entendió entonces muchas cosas: «Cando estás na montaña, tanto se fas alpinismo como escalada ou se camiñas tes moitas sensacións. Primeiro, que se te preparaches e estás en forma o pasas moi ben, que é unha gran diversión. Despois, que é unha maneira boísima de desconectar de todo. Pero é que ademais cando te atopas con esas paisaxes, co silencio... ese silencio hai que sentilo. Ves que queda moito mundo bonito que merece ser coidado e conservado. Hai que vivilo».

Desde esa primera cima llegaron muchas otras. Numerosos retos: Alpes, Picos de Europa, las Montañas Rocosas de Canadá o la Cordillera Blanca en Perú. Y esa sensación continua de que cada paso hacia arriba es un logro, un aprendizaje. No fue hasta el año pasado cuando tomó la presidencia del club. Pero, en realidad, lleva media vida involucrada en las mil y una actividades que realizan. Una de las cosas que más le apasiona es ver cómo los niños disfrutan en la montaña. Habla de las escuelas que tienen, de orientación o escalada. Cuanta con entusiasmo que, antes de que la pandemia se invitase sola a la fiesta que es la vida, en el club hacían varias salidas al año al monte con niños y padres. Y la experiencia no podía ser mejor: «Na montaña, os pais non se enteran de que teñen fillos. É impresionante como lle gusta aos nenos camiñar polo monte, descubrir as paisaxes, ir falando das árbores. E, por suposto todos eses momentos de convivir nos refuxios, de durmir en literas corridas e estar xuntos. Penso que aprenden moitas cousas positivas, como a esforzarse en cada paso, que lles custe facelo é bo», cuenta. Y avisa de que muchos padres creen que los niños no resistirán las caminatas «e despois hai que correr para ir detrás deles, porque lles encanta ir diante descubrindo todo».

Actividades en familia

Madre de dos hijos de 18 y 15 años, en la montaña encontró también una forma de disfrutar en familia que anima a probarla en estos tiempos en los que el ocio se cose con hilo fino a cuenta del covid:

«Hai deportes nos que ti vas ver aos rapaces xogar e ti non te exercitas, na montaña todos poden participar. Nós imos a carreiras de orientación, que se chaman así pero que non fai falta correr, e participamos os catro, pais e fillos, cada un na súa categoría. A verdade é que resulta moi gratificante», indica.

Carmen, que vive a caballo entre Pontevedra y Barro, también es la presidenta de la comunidad de montes de A Portela, su parroquia natal. «Xa ves, por se non me chega con unha métome en dúas. Pero hai que botar unha man», indica entre risas. Y se despide con sonrisa y recordando que en la montaña, como en la vida, la meta no es la cima, sino el camino en sí mismo. Ya lo dejó escrito el poeta Machado: «Caminante, no hay camino, se hace camino al andar».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
1 votos
Comentarios

«Subir unha montaña é gañar autoestima»