Ibrahim Baptiste: La sombra de Luisito que se forjó en la cantera del fútbol francés

Reconoce que acompañar al técnico de Teo y a Ramos en el Pontevedra CF es como hacer un máster deportivo

Ibrahim Baptiste, tras el entrenamiento del equipo este lunes
Ibrahim Baptiste, tras el entrenamiento del equipo este lunes

Hace justo una semana, Ibrahim Baptiste asumió uno de los mayores retos de su carrera como entrenador. Y llegaba por una mala noticia y con demasiada incertidumbre sobre la mesa. El trombo en el brazo derecho de Luisito le obligó a tomar las riendas del primer equipo, mientras el técnico se recuperaba de su dolencia. «Nos cogió de sopetón, lo primero es la salud, solo queríamos pensar que no era nada, lo positivo fue que ocurrió en una jornada sin competición», apuntaba ayer Baptiste, que durante unos días se encargó de dirigir el equipo, mientras el de Teo observaba desde el banquillo. Ahora que todo ha vuelto a la normalidad de cara al decisivo partido del próximo domingo contra el Dépor, el segundo entrenador reflexiona sobra su despegue como entrenador.

En verano recibió una llamada de Jesús Ramos, en ese momento coordinador de la base y su jefe inmediato, para animarlo a meterse en la aventura de entrenar al primer equipo. No lo dudó. Había sacado el título de entrenador y se abría ante sí una oportunidad única después de haber dedicado una vida al fútbol. Se formó en el Instituto Nacional del fútbol en Clairefontaine, de donde salió también Mbappe y después de pasar por casi todas las categorías del Nantes, aunque no llegó a debutar en la Primera División, puso rumbo a Pontevedra.

En la casa granate jugó unos meses en Segunda, pero después defendió la camiseta dos temporadas más en Segunda B junto a Charles, a quien ahora da indicaciones. «Me vine para aquí con 20 años siendo un crío y ahora tengo 36», apunta Ibrahim, que tras esa etapa en el Pontevedra recorrió otros equipos de Tercera División y Preferente hasta que hace cinco años volvió a su «casa», como define él al Pontevedra CF.

Empezó en infantiles, de ahí saltó a cadetes y ahora está al frente del juvenil A y lo compagina con las labores de segundo entrenador del primer equipo. «Al lado de Jesús Ramos y de Luisito estoy sacando un máster de entrenador», asegura Baptiste, que ha aprendido de los dos en este curso avanzado que está siendo trabajar al lado de Luisito y antes de Jesús Ramos. Y, ¿qué ha aprendido de cada uno? De este último descubrió la ilusión y «la gestión de grupos porque consiguió hacer un equipo que estaba a gusto a pesar de todas las circunstancias. Logró que todos tirasen del mismo carro», apunta el segundo entrenador. Cuando llegó Luisito se adaptó a su forma de entrenar. Llegó para intentar salvar al Pontevedra sin el equipo técnico que siempre lo acompañó y Baptiste lo descubrió: «Pensé que sería todo actitud y garra, pero es mucho más, le gusta el trato con el balón, no precipitarse y es un entrenador muy táctico». Con uno y otro está convirtiendo la temporada en una verdadera clase práctica para el día que tenga que volar solo. La pasada semana tuvo la primera prueba de fuego mientras Luisito se recuperaba y ahora espera poder ir escalando peldaños. Sabe que todavía está en el primero, pero «estoy cogiendo experiencia y aprendiendo día a día». Se encarga de aplicar intensidad y de enchufar a la plantilla antes de que Luisito empiece la otra parte del entrenamiento.

Volar solo

Baptiste trabaja para poder algún día ser el primer entrenador en el equipo que le quiera dar la oportunidad. Ahora agradece al Pontevedra CF la oportunidad que le brinda para aprender dentro de su filosofía de apostar por la cantera. «Cuando llegué a la ciudad me encantó la gente, venía de una macrociudad como París, pero aquí tienes todo cerca, es completamente distinto y estoy feliz, pero ahora que soy entrenador, sé que algún día puedo partir», comenta Ibrahim, que si algo ha aprendido este año es a ponerse al otro lado de la partida. Reconoce que como jugador ni se planteaba pensar en el esfuerzo que podía hacer el cuerpo técnico, pero ahora ha cambiando la perspectiva del fútbol. «Antes pensabas solo en si jugabas el fin de semana y como técnico ves el trabajo que hay de preparación para que todo salga», comenta Baptiste, que por las mañana es la sombra de Luisito y por las tardes adquiere más relevancia en el juvenil. «Veo dos estilos distintos y aprendo en ambos», advierte el técnico francés.

Churre y Adrián Cruz podrían reaparecer el Riazor

 

 

El Pontevedra comenzó ayer el tiempo de descuento para el partido más importante del año. El domingo visitará Riazor en la que se será una final casi a vida o muerte para intentar colarse en el grupo que pelee para estar el próximo año en la Primera RFEF. Cualquier cosa que sea no puntuar significa enterrar todas las opciones de estar en ese grupo y quedaría reducido a la Segunda RFEF y en el peor de los casos a la Tercera División. De ahí que el cruce que se disputará en cinco días sea determinante, un verdadero duelo de necesidades en el que ambos conjuntos tendrán que poner todo sobre el césped.

En esa carrera hacia Riazor, Luisito espera recuperar a Churre y a Adrián Cruz. El central ya está casi al 100 % y pudo haber entrado en el último encuentro contra el Compostela. Con una semana de descanso por el medio, todo apunta a que podrá reaparecer en A Coruña. No es tan clara la situación de Adrián Cruz, que dependerá de como evolucione estos días de su dolencia en el abductor. El jugador se lesionó a finales de año y tenía inicialmente ocho semanas de baja. Antes del partido contra el Salamanca, Luisito advirtió de que todavía le quedaba un par de jornadas de recuperación, pero podría estar ya a disposición del técnico para el encuentro contra el Deportivo. Son las únicas dudas con las que cuenta el Pontevedra a día de hoy, además de las molestias en el hombro que arrastra Rufo.

Después de una semana en la que los jugadores estuvieron centrados en el aspecto físico, volvieron ayer para preparar el encuentro del domingo bajo las órdenes de Luisito. El técnico de Teo estuvo en el banquillo de Xeve buena parte de la semana pasada después de haber sufrido un trombo.

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