La hostelería, en pie: «Peregrinamos otra vez porque estamos arruinados»

Una veintena de profesionales caminan a Santiago para pedir un rescate


pontevedra / la voz

Los once hosteleros que peregrinaron a Madrid en busca de un rescate al sector vuelven a enfundarse las zapatillas para caminar del tirón hasta Santiago. Esta vez no van solos, otros 13 compañeros se han unido en un peregrinaje que no concluirá cruzando la Puerta Santa ni abrazando al Apóstol. Lo hará a las puertas de San Caetano para que el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, se siente con ellos a dialogar. Porque después de catorce días de caminata a Madrid no han obtenido más que buenas palabras y reconocen que «peregrinamos porque estamos arruinados». Esta frase que pronuncia Carlos Fernández, del Underground de Marín, la repite casi todos sus acompañantes.

En esta caminata se juegan la última bala con la Administración. Y lo hacen a la desesperada, pero no solos. De Pontevedra salieron ayer antes del amanecer los 24 peregrinos de la hostelería, pero a lo largo del camino se le han ido sumando compañeros de otras localidades. «Hemos tenido que decirle a otros compañeros que no podían venir por una cuestión de logística y seguridad por el covid», explica Daniel Lorenzo, responsable de La Pomada, en Pontevedra, y uno de los artífices de esta marcha. «El rescate que tanto pedimos no nos ha llegado y las ayudas que nos dan no valen para nada. En el último año solo he podido trabajar un mes y medio», advierte este empresario, que camina los 65 kilómetros que separan Pontevedra de Santiago acompañado de profesionales que atraviesan «el peor momento de nuestra vida». Ninguno recuerda haberlo pasado tan mal.

Ayuda de la familia

María del Carmen González y Tania Villar cogieron en febrero la cafetería Xeitosa, en Marín. En marzo llegó el confinamiento y los ahorros que habían acumulado durante años se fueron en la inversión del local. «Vivimos con la ayuda de la familia y lo poco que hacíamos mientras pudimos abrir», explica González, que además tiene una pescadería, que también sufre el cierre de la hostelería. «El problema es que el Estado te da ayudas, pero uno de los requisitos es no tener deudas y ‘¡cómo no las vas a tener si hay que seguir pagando las facturas!'», indica María del Carmen. Junto a ella camina Lucía Thomaz. Regenta una cafetería en Raxó con su marido y su hijo. El sueldo de la hostelería era el único que entraba en su casa. «Ahora recibimos una ayuda de 370 euros, pero nosotros queremos trabajar. Mi marido tiene este local desde hace treinta años», comenta esta hostelera.

Esta marcha de una única jornada los llevó a pasar la noche de ayer en Milladoiro y hoy harán el último tramo hasta el edificio de la Xunta, donde se concentrarán a las once de la mañana en busca de un rescate para el sector, pero sobre todo, para recuperar sus vidas.

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«Esta mañana me preguntaban si creía que esta caminata iba a servir para algo. Si el dolor, las llagas o el cansancio valdrían la pena, pero la verdad es que no siento nada, nada es comparable al sufrimiento de cada uno de nosotros». Bastan estas palabras de Antonio Fernández, del pub La Moncloa, para saber que pasa por la cabeza de los siete hosteleros que el pasado día 7 de diciembre salieron de Pontevedra con un objetivo. Llegar al Congreso para contar de primera mano a los representantes políticos cuál es la realidad del sector. Y para hacer visible ese dolor anímico han mostrado el físico entrando descalzos en el Congreso.

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