A las colas del hambre se suma ahora la demanda de camas por la ola de frío

«Murió un compañero en Vigo, ¡qué esperan que pase cuando duermes en la calle!», señala uno de los hombres que duerme en la calle


pontevedra / la voz

Son las 12.30 de la mañana, la cocina del comedor de San Francisco se apaga para empezar el reparto. Antes de la pandemia estaría preparándose para recibir a los usuarios, ahora recoge los táper en la entrada y Carmen Canosa los llena con las raciones que hayan pedido. Este lunes hay arroz con hígado, bocadillo de chorizo para la merienda y leche, fruta o yogur. Lleva 15 años al mando de los fogones de una cocina económica que reparte diariamente cerca de 180 comidas, aunque hay días de picos en los que se entregaron hasta 210 menús. Y no hace tanto. «Ahora en enero baja un poco la demanda porque en diciembre se da mucho», explican en este equipo comandado por el padre Gonzalo y que atiende por el nombre a casi todos los que se acercan a su puerta. Él reconoce que Pontevedra es una ciudad muy solidaria. Nadie se va de ahí sin su ración.

El covid cambio el perfil de las colas del hambre. «Hay gente extranjera, otros que vivían normal, pero se quedaron sin trabajo o se separaron y nunca pensaron que podrían llegar aquí», apunta Carmen Canosa y Sagrario Fariña, voluntaria en el comedor desde el 2008. Y estas colas del hambre se extienden ahora para buscar una cama donde albergarse en las gélidas noches de diciembre y enero.

El Concello de Pontevedra activo el protocolo del frío a principios de diciembre para intentar que nadie se quede sin resguardo. El albergue de Cáritas en Monte Porreiro, con 20 plazas y el de Calor y Café, con 12 camas, están al 50 % del aforo por las restricciones sanitarias. Solo 16 plazas para cubrir las necesidades de la ciudad. «Desde Benestar Social tenemos un acuerdo con un hostal y en caso de que se ocupe Cáritas y Claro y Café, se utiliza. En el último mes, hubo que utilizarlo diez días», apunta Marcos Rey, concejal de Benestar Social en Pontevedra, que reconoce que el resto de días la demanda se ajustó a las necesidades de la ciudad. «Cruz Roja también reparte dos veces por semana sacos de dormir o mantas, en caso de que alguien quiera», explican desde Benestar Social.

Con mínimas de cero grados por la noches y máximas de ocho grados, la demanda de una cama aumenta. En el comedor de San Francisco saben que esa es buena parte de la realidad que la pandemia ha recrudecido y lanzan un deseo: «Qué nunca falte San Francisco». «Lo mejor es que no hiciese falta que estuviésemos, pero poder hacerlo es una satisfacción», apunta Carmen Canosa, mientras agradece la donación del excedente de un supermercado.

«Murió un compañero en Vigo, ¡qué esperan que pase cuando duermes en la calle!», comenta un hombre que duerme en la calle

José Manuel Reboredo, Siete, salía ayer del comedor de San Francisco son su ración. Él duerme en la entrada del pabellón municipal de Pontevedra después de que el coche en el que vivía en la parte de atrás de las instalaciones deportivas fuese retirado por la grúa. El frío no lo ha apartado de su «casa», pero le gustaría que desde el Concello se habilitase un espacio para estos días duros de invierno. El caso es que los hay. Cáritas tiene plazas en Monte Porreiro y Calor y Café, en Casimiro Gómez, pero «el de Monte Porreiro está muy lejos para poder ir andando, si hubiera un sitio donde estar, iríamos», apunta Siete, que sabía que hace unos días murió una persona sin hogar en las calles de Vigo. «Y qué esperan qué pase durmiendo así, somos personas y vecinos de Pontevedra, pero no importamos», apunta Siete, que hasta que hasta hace poco sacaba algo de dinero aparcando coches en la plaza de Barcelos.

 

Ayer volvía a su refugio del pabellón con su ración de arroz con hígado, leche y fruta, pero si hay algo que le ocupa la cabeza estos días es poder renovar la cartilla de la risga. Con el covid muchos trámites deben de ser por teléfono y eso le hace más difícil la gestión.

Siete duerme en la calle y hasta hace poco aparcaba coches

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