Al menos nos quedan los perros

En una semana marcada por los datos del paro y más restricciones por la tercera ola, CAAN nos dio la mejor noticia con el récord de las adopciones caninas


Se atribuye a Lord Byron la célebre frase «Cuanto más conozco a los hombres, más amo a mi perro», que sin duda destila tanto fatalismo como desencanto. Sin embargo, son los humanos quienes también resultan capaces de corregir aquello que estropeamos. Viene a cuento esto de uno de los titulares que nos ha dejado la semana. Una de las pocas buenas consecuencias que en la provincia de Pontevedra nos dejó el 2020, ha sido el aumento de las adopciones de perros a través de CAAN.

La canceira provincial, que depende de la Diputación, rindió balance esta semana de cómo les fue en el último año. El incremento récord de las adopciones supone, por tanto, que han descendido los abandonos de animales, una práctica tan execrable como común, especialmente después de fechas como estas recientes de la Navidad. Las cifras que presentó Carmela Silva son concluyentes: 583 perros abandonaron las instalaciones de Armenteira y encontraron un nuevo hogar. Y 200 animales menos tuvieron que ser recogidos en los 50 concellos donde opera CAAN.

No obstante, hay quien, como la asociación Libera Animal ha expresado cierta desconfianza. Escuché unas declaraciones de su portavoz, quien trasladaba dudas sobre la verosimilitud de la situación que reflejarían las cifras difundidas por la Diputación. El portavoz lo vinculaba a la pandemia. Se preguntaba qué pasó con la pretendida fiebre de hacerse con perros, según se sospechó en pleno estado de alarma a fin de tener un pretexto para salir a la calle. Y si una vez concluido el confinamiento, no habría ocurrido un abandono masivo.

Días después de habernos tomado las uvas, la cruda realidad del 2020 nos espetó un subidón del paro registrado en Pontevedra. Tanto en la provincia como en la comarca. Ha sido un annus horribilis. A 31 de diciembre, 73.130 desempleados registrados en las listas del SEPE (antiguo INEM) en la provincia. Una evidencia constatada del retroceso económico y laboral que ha supuesto en nuestras vidas el primer año de la pandemia. En la capital del Lérez, rematamos el 2020 con 6.220 parados inscritos.

Finalmente, los meses transcurridos desde que se declaró la pandemia han incrementado en casi en mil personas, el número de desempleados que hay en la ciudad de Pontevedra. La evolución de los acontecimientos desde el pasado mes de marzo, no permiten atisbar esperanzas fundamentadas de recuperación, Al menos hasta que la vacunación sea mucho más extensa y su generalización inocule una moral positiva en la economía local.

Mientras los ERTEs, por un lado, y la resistencia de muchos autónomos y pymes, por otro, deberán ser el valladar que resista los embates de la crisis para preservar el empleo existente. Y, quizás, a lo mejor, las ayudas que puedan llegar de las instituciones, aunque hasta ahora se han cosechado muchas decepciones.

Orzamento municipal

En ese estadio de las esperanzas puestas en las Administraciones, tocará el turno, de nuevo, del Concello de Pontevedra. En pocos días, con el debate presupuestario. Las trazas no infunden grandes ánimos. Aunque Miguel Fernández Lores habla en la Memoria de la Alcaldía que acompaña al documento del Orzamento Municipal 2021, de «poñer a disposición dos veciños o maior número de recursos económicos para tratar de paliar os efectos da crise económica», los objetivos que dibuja el proyecto presupuestario gravitan, de nuevo, en grandes obras de reforma urbana. Y hasta la compra del convento de Santa Clara, obviando, en cambio, la posibilidad de las exenciones de impuestos y tasas municipales que se le han pedido hasta la saciedad.

Me resulta un ejercicio inexplicable que como alcalde niegues el apoyo directo que te piden sectores económicos cruciales en la ciudad y, en cambio, no te duela el alma de ir a gastarte cerca de 6 millones de euros en volver a reformar la plaza de Barcelos. O ya veremos cuántos millones más en pagar la compra del cenobio de las clarisas. Más lo que costará restaurarlo y después mantenerlo. O sea: más del doble de lo que demanda la oposición en ayudas directas para el comercio de proximidad y la hostelería lo que supone mantener miles de puestos de trabajo.

La Xunta, reincide

Las autoridades gallegas, empezando por Julio García Comesaña, conselleiro de Sanidade, reinciden en un ejercicio de cinismo político. Después de la permisividad que toleraron con las fiestas navideñas, ahora se rasgan las vestiduras pidiéndonos a la ciudadanía que hagamos un esfuerzo, una suerte de autoconfinamiento, en próximos días. ¡A buenas horas, mangas verdes!

Era esperable que la movilidad extraordinaria que tuvimos, porque nos la dieron, so pretexto de consentir «solo» reuniones familiares en las fechas festivas, nos iba a traer estas consecuencias. El disparo de contagios era predecible. La tercera ola ya está llegando. Se intuye que tanto el comité clínico como la Xunta van a volver a lo fácil: criminalizar a la hostelería.

De momento, el viernes apretaron tuercas a los establecimientos de Santiago, A Coruña y Ourense. Pontevedra, Poio, Marín… safamos. Pero el conselleiro avisó: el próximo martes habrá nueva reunión sin descartar que se tomen más medidas con restricciones más duras que afecten a la hostelería de toda Galicia. ¡Qué fijación!

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