Nino Mirón, curado de hepatitis C: «Está claro que si no llegué a una situación límite fue por esas pastillas»

El exconstructor y expresidente del Pontevedra CF se curó gracias a los nuevos tratamientos


PONTEVEDRA / LA VOZ

«Para mí fue una bendición caer en manos del equipo de Juan Turnes. Vivo gracias a ellos». Quien lo dice con esa contundencia es Nino Mirón. El exconstructor y expresidente del Pontevedra CF habla esta vez como paciente. Y es que este hombre que ayer cumplió los 69 años es una de las más de mil personas que se han curado de hepatitis C en el área sanitaria de Pontevedra y O Salnés desde el 2015, cuando se trata a los enfermos con los nuevos fármacos.

Nino cuenta a que a día de hoy desconoce cómo y cuándo se infectó con el virus de la hepatitis C, lo que sí sabe es cómo se desencadenó su lucha contra la llamada pandemia silenciosa. El día de Fin de Año del 2015 se encontró mal. «Aquel 31 de diciembre venía de andar en bici. Me sentí muy mal y la orina era casi negra». Se asustó y le hicieron un primer análisis que reveló que tenía altas las transaminasas, un conjunto de enzimas que se producen en distintas partes del cuerpo, entre ellas, el hígado. «Primero me vio un médico privado y después ya me puse en manos de los médicos de la Seguridad Social del equipo de digestivo». Un equipo del Chop que este año recibió precisamente el premio nacional Best in Class por el tratamiento de la hepatitis C.

En aquellos momentos Nino afrontaba con una mezcla de sorpresa y sobre todo de preocupación su nueva situación. «La gente a la que no llegaba el tratamiento se seguía muriendo de hepatitis C». Recuerda que no tardó mucho en recibir los nuevos fármacos que han supuesto una revolución para los pacientes. En su caso, empezó con el tratamiento el 12 de agosto del 2016 y se medicó hasta el 26 de enero del 2017. Tomó Sovaldi, Ribavirina y Daklinza.

«Fueron unos cinco meses de tratamiento en dos fases porque yo tenía una carga viral importante. Está claro que si no llegué a una situación límite fue por esas pastillas», relata. Nino está oficialmente curado, aunque se somete a controles de seguimiento cada seis meses porque además tiene hígado graso.

Aquella Nochevieja del 2015 ya no cenó. «Tenía vómitos y estaba cada vez peor», rememora. En los días y semanas posteriores «no tenía dolor, pero sí estaba amarillo, cansado y no comía apenas». Llegó a perder doce kilos. Sin duda, echando la vista atrás hoy se siente un privilegiado. Destaca la empatía y la humanidad que encontró en los profesionales de la sanidad pública en unos momentos de mucha incertidumbre. «Tenía miedo porque esa es una enfermedad complicada».

Durante mucho tiempo Nino le dio «bastantes vueltas» a cómo pudo infectarse, ya que no recibió ninguna transfusión de sangre. «Por eso me llamaba más la atención. Creo que conviví con la infección mucho tiempo sin saberlo porque yo hacía deporte y me encontraba bien». Ahora, como jubilado, comenta que lleva una vida tranquila y que cuida su alimentación. «El alcohol, ni gota y tampoco fumo. Hago mucha bicicleta, día sí día no, entre 70 y 90 kilómetros, y también me gusta caminar».

Es de esos jubilados que no se aburren y a los que le faltan horas del día. Algo de lectura y el sofá tele completan sus rutinas. Aunque todavía hay mucho estigma social en la hepatitis C, Nino ha querido contarlo para subrayar la importancia de invertir en sanidad pública para salvar vidas y para que sus profesionales tengan unas condiciones «dignas y merecidas». No se quiere despedir sin dar las gracias a la enfermera que le hacía el seguimiento hepatológico, María José Rodríguez Otero, a Ana Belén Veiga Villaverde, de farmacia, y al doctor Juan Turnes Vázquez.

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