Las terrazas vuelven, aunque a medio gas

La lluvia y el frío empañaron el regreso parcial de los veladores en Pontevedra y su comarca durante el inicio de las primeras medidas de desescalada por el coronavirus de este otoño


marín / la voz

Había ganas de cafetear en una terraza en Pontevedra y, aunque las bajas temperaturas y la lluvia empañaron la jornada y enfriaron un poco los ánimos, aún así muchos no se resistieron al llamado de un café con leche en un velador. Los pocos establecimientos que levantaron las rejas y pusieron sillas y mesas en la vía pública tuvieron una aceptable afluencia de clientes. A las cinco de la tarde, las rejas volvieron a bajarse y las mesas y sillas desaparecieron de la calle. Esta será la tónica general en la ciudad y los municipios como Marín, Poio y Sanxenxo hasta que la incidencia del coronavirus en la población haya descendido lo suficiente. En otros concellos próximos, como Vilaboa, se pudo tomar un café, con un 30 % de ocupación en el interior más terrazas, mientras que Ponte Caldelas puede mantener esas aperturas de la hostelería hasta las once de la noche.

En Sanxenxo, el puente de la Constitución no se notaba. Lejos quedan aquellos días de llegada masiva de personas de toda Galicia y de más allá para pasar unos días de descanso en hoteles, segundas residencias y pisos turísticos. El cierre perimetral con O Grove no dejaba entrar ni siquiera a los pontevedreses.

Por si fuera poco, el regreso de las terrazas se encontró con un frío intenso y una interminable sucesión de chubascos. Así pues, solo pudieron volver a una tímida apariencia de normalidad aquellos locales que dispusiesen de un toldo lo suficientemente grande como para dar cabida a los clientes y es un hecho que ni siquiera todos los que hipotéticamente podrían beneficiarse de estas cubiertas decidieron servir cafés. Frío, lluvia y un viento inmisericorde golpearon con gusto a los valientes que llevaban semanas esperando regresar a las tertulias. Hoy todo apelaba a algo caliente. No hubo muchos, pero se sirvieron más cafés que cañas.

En el acceso al puerto solo dos locales atendieron a clientes en los exiguos metros cuadrados tapados por sus toldos. Paloma es uno de esos clientes que logró un codiciado puesto al resguardo de la lluvia. En su caso, resaltó que sí había ganas de tomar algo al aire libre. No tuvo ningún reparo en acercarse hasta la cafetería. «No tuve dudas porque creo que los contagios no se están dando en la hostelería, resalta. Sobre la mesa, una taza de café con leche. «El día no da para más», indica. En Silgar, Fran, en el Gran Suqui, comenta: «Pienso que los bares no son un problema sino la solución. Somos los únicos que cumplimos las normas de distancia y desinfección», concluye.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

Las terrazas vuelven, aunque a medio gas