Siete senderos para huir de las ciudades

A pocos kilómetros de Pontevedra se esconden rutas fluviales y culturales para ir en familia


pontevedra / la voz

Las restricciones ponen en cuarentena el ocio en espacios cerrados y en las ciudades, pero hay muchas alternativas saludables que se pueden hacer a pocos kilómetros de Pontevedra. El entorno urbano esconde senderos en los que se puede disfrutar de una jornada al aire libre, algunos incluso son recomendables en días lluviosos, pero todos permiten desconectar de la rutina y de las masificaciones. Son siete rutas de baja dificultad que discurren por los municipios de Pontevedra, Vilaboa, Marín, Cotobade y Campo Lameiro y que buena parte de ellas están preparadas y homologadas para poder hacer en familia. Solo hace falta calzado de montaña y muchas ganas. Estás son algunas de las que recomienda Ángel Álvarez, miembro del club de montañismo Aromon.

fervenza da barosa

Dos horas de ruta entre molinos. Este sendero discurre paralelo al río Barosa y permite al caminante adentrarse en los molinos. En algo menos de dos horas se puede completar esta ruta perfecta para familias con niños. La primera parte discurre entre los Molinos de Abaixo y el puente de San Breixo, desde donde se puede salir del camino para visitar la iglesia del siglo XVII y contemplar las espectaculares vistas del valle. «Es un sitio especialmente bonito en otoño cuando llueve porque además tiene un entorno muy chulo con robles», apunta Álvarez. En la segunda parte de la ruta se accede a una área recreativa, donde se inicia un sendero circular que cruza el puente de A Búa y se regresa por la margen derecha del río Barosa. Son 2,1 kilómetros de sendero al que se accede por la N-550 a la altura de Barro.

salinas de ulló

Un recorrido que se adentra en el bosque. Escondidas en Vilaboa y cerrando la ría de Vigo están las Salinas de Ulló, que se levantaron en el siglo XVII y dejaron de tener funcionalidad dos siglos después. Está ruta puede discurrir por los muros de contención donde se generaba la sal o por el sendero habilitado siguiendo la línea de la costa. Bastan un par de horas para recorrerla desde el Club de piragüismo Vilaboa hasta Larache y adentrarse en el bosque. Desde Aromon proponen continuar la ruta hasta la Pedra dos Caralletes y visitar la Granxa das Salinas, las ruinas de las edificaciones y huertas donde vivían los encargados de procesar la sal. Harán falta cerca de tres horas para hacer la ruta completa.

sendero del gafos

Arranca en Tomeza. La propuesta es comenzar este recorrido lejos del tramo urbano. Se toma como punto de partida Tomeza y se continúa hasta su desembocadura en Corbaceiras. Circula paralelo al Camino de Santiago y hay zonas que estos días pueden estar enlodadas. A pesar de las pequeñas dificultades, «es una buena ruta para ir con niños porque no dura más de dos horas. Hay quien opta por hacerlo con bicicleta de montaña», apunta Ángel Álvarez, que recomienda también detenerse a ver los molinos rehabilitados. Son seis kilómetros con una dificultad baja.

Río meneses

Bordear el río hasta Campo Lameiro. Son 8,6 kilómetros y más de dos horas de caminata desde el área fluvial de Lodeiro, junto al Lérez y la desembocadura del Rego de Meneses. El recorrido lleva al caminante hasta el Muiño do Chan do Coiñal y de ahí al Parque Arqueolóxico de Arte Rupestre de Campo Lameiro. Se puede visitar este museo al aire libre antes de volver a bajar por la ribera del río disfrutando de los molinos, puentes y pequeñas presas que se han mantenido durante siglos. Se llega esta zona desde la N-541, que une Pontevedra y Ourense.

Fervenza de almofrei

Sendero circular en Cotobade. Es uno de los rincones más espectaculares de la comarca por los rápidos y las cascadas del río Almofrei. En un primer tramo se pueden ver cascadas con caídas de hasta ocho metros. «Río abajo se encañona y es una zona para hacer barranquismo. Se puede llegar hasta el puente medieval», apunta Ángel Álvarez, de Aromon. Para llegar a este sendero hay que acceder por la N-542 en dirección a Ourense y en Ponte Bora se coge la PO-233. La ruta tiene un desnivel acumulado de casi 300 metros, pero la dificultad es fácil. Eso sí, hay que tener cuidado con las alturas.

Foxo do lobo

Una ruta que pide destreza. Este sendero es un paseo por la cultura gallega que arranca en la iglesia de Caritel y continúa por un camino empedrado, conocido como la Fraga de Abaixo, hasta el Verdugo. El senderista tendrá que mostrar su destreza al pasar por los Pasos da Fraga y Pasos de Portasouto. La ruta continuará en dirección a la aldea de Porcinas, desde donde se tomará un camino forestal hasta el Foxo do Lobo. Es recomendable salir del camino y visitar esta construcción, donde antiguamente se encerraba y mataba a los lobos. Son poco más de 10 kilómetros.

petroglifos de marín

Una visita cultural. Esta pequeña ruta circular de 4,5 kilómetros discurre entre petroglifos, mamoas, fuentes y otros elementos naturales que lo convierten en un recorrido muy interesante. Eso sí, quien se aventure que sepa que hay cierto desnivel. Son cerca de tres horas de ruta entre los que destacan el conjunto rupestre de Outeiro da Mina y de Pornedo. Hay hasta cuatro entradas a la ruta de los petroglifos, pero una de las recomendadas este desde el lago de Castiñeiras hacia Salcedo. Las opciones son innumerables para disfrutarla. Y cuando vuelva el verano se puede ir el Centro de Interpretación de los petroglifos de Mogor.

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