Ocho años de cárcel por obligar a una joven a prostituirse por las calles de Pontevedra

El acusado conoció a la víctima en una discoteca y la agredía y amenazaba con vender a su hija, que estaba en Rumanía


Pontevedra / La voz

Con seis años de prisión y multas que suman 12.960 euros por dos delitos de prostitución coactiva y otros dos años por otros tantos delitos de blanqueo de capitales ha sido condenado un rumano que, entre otros hechos, obligó a una joven compatriota a prostituirse por las calles de Pontevedra, principalmente en las proximidades del nudo de O Pino.

Los hechos se produjeron en marzo del 2015 cuando el acusado, de nacionalidad rumana, conoció en una discoteca de Oviedo a una compatriota a la que acabaría pidiéndole que le acompañase a Pontevedra para comenzar una relación sentimental. De este modo, en junio, ambos iniciaron una convivencia que, en apenas 72 horas, se acabó convirtiendo en un infierno.

Y es que, según recoge la sentencia condenatorio, al cabo de tres días, el acusado le propuso que se prostituyera, a lo que la víctima se negó. La respuesta contrarió al encausado quien no dudó en obligarla a someterse a sus intenciones amenazándola con «vender a su hija que estaba en Rumanía o diciéndole que nunca más la volvería a ver», al tiempo que la golpeaba «con patadas y puñetazos por todo el cuerpo cuando se negaba». Incluso, ha quedado acreditado que le quitó la tarjeta SIM del móvil para impedirle que se pudiera comunicar con terceros.

A lo largo de doce meses -en marzo del 2016, la joven logró huir «con lo puesto»-, tuvo que ejercer la prostitución los siete días de la semana desde la cinco de tarde hasta las tres de la madrugada. Y todo el dinero que recaudaba, entre cien y doscientos euros diarios, se lo tenía que entregar a su proxeneta, quien, además, le obligaba a realizar envíos de dinero a Rumanía. Los magistrados concretan que, entre junio del 2015 y febrero del 2016, se realizaron 38 operaciones por un importe global de 7.165, 47 euros.

Años antes, en el 2010, el acusado conoció a otra joven -compareció en la vista oral como testigo protegida- en un club nocturno ovetense. Tras engatusarla y convencerla de irse a vivir juntos, el sospechoso, al cabo de siete días, «le dijo que como no tenía dinero, tenía que ejercer la prostitución en la calle», a lo que esta se negó.

Y al igual que ocurrió con su compatriota, el encausado, haciendo caso omiso a los deseos de esta primera víctima, la obligó «agrediéndola cada vez que se negaba». La sentencia añade que, igualmente, «coartaba su libertad de movimientos, controlando sus comunicaciones, al haber obtenido las claves de su Facebook y Messenger, quitándole su documentación personal, careciendo, además, de las llaves del domicilio donde residía con el acusado».

Asimismo, tenía que entregar al acusado el dinero que obtenía ejerciendo la prostitución, así como fue coaccionada para realizar 48 transferencias por una cantidad total de 15.784 euros.

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