Una década sin noticias de Sonia Iglesias

El 18 de agosto de 2010 la pontevedresa salía de su casa por última vez antes de desaparecer. Las investigaciones apenas han arrojado resultados y el único imputado fue puesto en libertad


pontevedra / la voz

Hace diez años, Pontevedra estaba a punto de vivir uno de los sucesos más negros de su historia reciente. El 18 de agosto de 2010 se denunciaba la desaparición de Sonia Iglesias, un hecho que tocó a la ciudad en lo más hondo y que, a día de hoy, sigue sin resolverse. Es más, las investigaciones apenas han avanzado durante todo esto tiempo, demostrando ser un caso tremendamente complejo. Entre medias, hasta tres comisarios de Policía Nacional han pasado por la capital provincial, pero pese a los ingentes esfuerzos y medios desplegados, aún no se sabe qué ocurrió aquella mañana de miércoles.

Ese día, Sonia Iglesias y su pareja y padre de su hijo, Julio Araújo, madrugaron para hacer varios recados juntos. Entre ellos, acudir a una zapatería en la calle Arzobispo Malvar, un establecimiento que a día de hoy sigue abierto, aunque el responsable por aquel entonces ya se ha jubilado. Allí, la mujer dejó unas sandalias para que fuesen arregladas. Unas sandalias que nunca serían recogidas. Ese fue el último local en que se tuvo noticia de Sonia Iglesias y el dependiente, la última persona ajena al caso que la vio.

A partir de entonces, se le pierde la pista. Julio Araújo fue imputado en 2012 por la desaparición de la mujer. Sus declaraciones arrojaron una versión de los hechos con diversas contradicciones y que alteró varias veces. Él señaló que su pareja había salido de casa para hacer unos recados antes de acudir a su trabajo en una tienda del centro. Ahora bien, en ocasiones, alegó que Sonia Iglesias y él se encontraron con un atasco durante el trayecto, momento que ella aprovechó para bajarse del coche y desaparecer. Pero en otras afirmó, supuestamente, que la mujer se habría apeado del vehículo cuando un segundo turismo les cerró el paso.

Según la familia de la desaparecida, Sonia les comunicó que estaba pasando por problemas en su relación con Araújo y que tenía la intención de separarse de él. Supuestamente, habría llegado a confesarles que tenía una relación sentimental con otra persona. Todo ello fue negado por el hombre. Rechazó que estuviesen pasando por una crisis de pareja y declaró también que él se enteró de la noticia de la desaparición a través de los compañeros de trabajo de Sonia, que le habrían llamado al ver que ella no se personaba en su puesto de trabajo.

En agosto de 2014, al tiempo que se cumplían cuatro años de la desaparición, Araújo era puesto en libertad por la jueza, quien concluía que sus contradicciones no probaban los hechos por los que se le imputaban. La Audiencia acabaría dictando en el mismo sentido y el hombre se encuentra en libertad desde entonces.

Las repetidas investigaciones policiales tampoco han arrojado novedades sobre el caso. Las barridas que se pusieron en marcha de manera inmediata sí dieron algunos resultados esperanzadores en su momento: su cartera apareció el mismo día de la desaparición, en la carretera de Vilagarcía, a la altura de O Vao, mientras que otros de sus enseres personales fueron hallados en los días posteriores. Pero ninguna de las pesquisas permitieron encontrar huellas de su paradero.

Actualmente, la causa judicial se encuentra archivada, de manera provisional. No así las investigaciones dirigidas por parte de la Fiscalía de Pontevedra y la Policía Nacional, que continúan en marcha y que, cada cierto tiempo, abren nuevas líneas. Los sucesivos responsables de la investigación a lo largo de los años han manifestado siempre su intención de mantenerla abierta y llegar al fondo del asunto.

De hecho, en el año 2017 se reabrió la causa para, en febrero de 2018, ordenar la inspección de una vivienda del barrio de San Mauro propiedad de la familia de Araújo y en la que había residido la pareja. En aquel entonces, Julio Araújo volvió a ser interrogado, junto a su hermano. Pero no se encontró nada de relieve. En septiembre, se inspeccionó también una tumba relacionada con la familia, en un cementerio del interior de la provincia de Pontevedra.

A comienzos de este mismo año tuvieron lugar los últimos movimientos con respecto al caso. En enero, el desbroce de una finca de unos 300 metros cuadrados en la parroquia de Marcón, sacó a la luz un viejo pozo, del cual los agentes encargados del caso desconocían la existencia. Precisamente por ello se iniciaron labores de exploración dentro del mismo, en busca de pistas sobre el paradero de Sonia Iglesias. Hasta el lugar se desplazaron unidades de la policía de subsuelo llegadas desde Madrid, agentes de la Policía Judicial y de la Brigada de Delitos contra las Personas de la Comisaría General, además de los bomberos de Pontevedra, que se encargaron de achicar el agua del pozo. En todo caso, la investigación practicada el día 22 de enero no arrojó ningún resultado relevante.

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