Una cunca, desde el techo de Pontevedra

El vino del furancho A Carrasqueira acaba de entrar en la carta de Vinos de España, impulsado por una campaña del Concello que busca dar muestra del potencial vitivinícola de la zona

José Manuel Gómez sirviendo un tinto en la bodega de su vivienda
José Manuel Gómez sirviendo un tinto en la bodega de su vivienda

pontevedra / la voz

«Esta liña toda é de gruñón francés. Mira para aí, que cantidade de racimos bota». José Manuel enseña orgulloso sus viñas. Y aunque realmente el número de racimos que cuelgan es impresionante, a uno la mirada se le escapa más allá. A las vistas de la ría de Pontevedra que se observan desde su casa.

El furancho A Carrasqueira, bautizado así por el pino bicentenario que acompaña imponente a las viñas, está en lo alto de la parroquia de Mourente, muy cerca del hospital de Montecelo. Desde allí, las vistas son magníficas. José Manuel tiene un recinto preparado para disponer las mesas en las que sirve su vino y sus platos estas noches, debajo de un toldo. «Pero hai xente que colle a mesa e a trae aquí». Se refire al punto más alto de la casa, desde donde se ve toda Pontevedra. No es difícil comprender a quien lo haga.

José Manuel tiene 69 años. De joven fue fontanero, carpintero, jefe de obra... Ahora, retirado, se dedica todo el año a sus viñas, tomates, cebollas, kiwis... Y en los meses de primavera convierte su vivienda en un furancho al que acude gente de toda la comarca. «Polos cartos non o fago, que disto non se vive. Isto eu fágoo pola satisfacción persoal. E porque así coñeces moita xente. Sínteste máis vivo», explica. En las noches de furancho le acompañan para servir su mujer, Chelo, y dos de sus hijas, Pilar y Lali.

El producto estrella es el vino. «Os meus clientes dinmo, que é dos mellores viños que probaron. O desta colleita saíu moi bo. E a próxima ten pinta de que será mellor». Precisamente para premiar esa calidad, han sido incluidos recientemente en la carta de los Vinos de España, lo que les permitirá comenzar a venderlos por todo el país. Medió en ello el Concello de Pontevedra, que ha iniciado una campaña con el objetivo de promocionar el potencial vitivinícola de la zona.

En A Carrasqueira, además, se han adaptado a la nueva normalidad. Con espacio de sobra, han podido separar cada mesa una de otra. Y aunque José Manuel reconoce que al principio tenían miedo a la situación sanitaria, el coronavirus no les arruinó el año: «Nós abrimos o 11 de xuño e esta semana xa rematamos o viño. O sábado é o último día que abrimos».

Y tiene mérito, porque este año recogieron seis mil litros. Pero el tamaño de su clientela explica el milagro: «Unha noite normal veñen unhas sesesnta ou setenta persoas».

Para comprender ese potencial no hay más que pasear por las viña que rodean la casa. 5.500 metros en total, de diferente variedades de uva: albariño, godello, treixadura, mencía y hasta gruñón francés.

«Non necesitamos mercar viño de fóra. Sabemos que noutros furanchos se fai, sobre todo para botar máis tempo abertos, pero nós, co que temos, xa nos chega de traballo», explica Chelo, la mujer de José Manuel.

Todo queda en Mourente

No es lo único que venden de casa. También los huevos y las patatas: «O que máis piden é a tortilla de patacas de Chelo», comenta José Manuel. Algunos pimientos también son suyos, aunque compran también de los alrededores para completar.

Pero para acompañar un buen vino, hace falta una buena carne: «A carne para a zorza, a orella e o raxo si que a mercamos. A unha carniceria da parroquia. Os clientes quedan encantados. Din que é das mellores carnes que probaron nunca», explica Chelo.

Lo primero que nos enseñó José Manuel al entrar fueron las vistas de Pontevedra y la viña de la que está más orgulloso: «Tróuxemola expresamente de Francia. É coa que se fai o champán. O outro día botei unha hora contando os racimos que daba unha soa viña: 87 en total».

Él explica que la clave de esa fertilidad está en el suelo: «Isto antes era todo terra de monte». Con «antes» se refiere al 1807, cuando su tatarabuelo se hizo con los terrenos y comenzó ya a cultivar la uva. Y desde entonces. Uno de los mejores vinos de la ciudad estaba en el techo de Pontevedra.

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