pontevedra / la voz

Este lunes era el día. Pontevedra reabrió los parques infantiles, que hasta esta jornada habían estado precintados debido a la emergencia sanitaria del covid-19. A pesar de que estos recintos de juegos podían estar operativos desde el 15 de junio, cuando se levantó el estado de alarma, el Concello optó por esperar hasta el 13 de julio para contar, dice el gobierno local, con todas las garantías en materia de seguridad.

A las doce y media de la mañana y con un sol que ya pegaba, no eran muchas las familias que estaban en algunos parques de la ciudad. En el de los niños mayores de las Palmeras nadie se atrevía a jugar. Ahí Lorenzo daba de lleno y no había una sombra donde cobijarse.

A escasos metros, en el parque de los peques, sí había niños jugando. «Ya lo estaban deseando», dice Victoria, abuela de Lara Carril, de 11 años. Aunque viven en otra zona de la ciudad -Loureiro Crespo- se acercaron para estar con una prima. Junto a su hermano Lucas y la prima Noa están leyendo el cartel con las normas que se ha instalado. Quien lo protagoniza es el loro Ravachol, el símbolo del carnaval pontevedrés que apela al sentidiño para evitar posibles contagios. Lara cuenta que durante el tiempo que no hubo parques infantiles se dedicaba a pasear por la ría. «En Pontevedra hay muchos parques, pero por la mañana da mucho el sol», es la pega que pone la abuela.

Antía Míguez cuida de Olivia, que a sus 5 años juega con la mascarilla puesta. En este parque de las Palmeras no se ha instalado todavía el hidrogel, pero ellas lo traen de casa. «Los niños necesitaban desahogarse. Este año casi no hay campamentos ni ludotecas», relata Antía. Esta chica dice que es casi imposible que los pequeños sean capaces de mantener la distancia de seguridad y que no se toquen la cara, la nariz o los ojos. «Con seis ojos hay que estar».

Encantada con el tobogán

En otro parque, el de Campolongo, con un aforo máximo de 60 personas, a esa hora de la mañana tampoco hay casi nadie. Noemi, de 10 años, es de Pontedeume (A Coruña), pero está en Pontevedra de vacaciones junto a su prima Vanesa. En su municipio los parques ya abrieron a principios de mes. Noemi lleva la mascarilla al cuello porque no hay nadie alrededor y el gel en la mochila. «Me encanta y me enamora este parque», cuenta ella.

Álex, que está con su hijo de menos de dos años y que también se llama Álex, ya sabía que los parques abrían este lunes. El pequeño rubio aprovecha que no hay mayores en el tobogán para meterse y esconderse. «Por la tarde tendré que venir con la mayor», comenta su padre.

¿Cuáles son las reglas que tienen que cumplir niños y adultos? No se puede sobrepasar en ningún momento el aforo máximo de personas; hay que desinfectar convenientemente las manos con una solución hidroalcohólica (en el caso de los menores de 2 años con una solución jabonosa); y cumplir las medidas básicas de autoprotección, esto es, frecuente higiene de manos, no toser directamente al aire o en las manos; no tocar la cara, la nariz y los ojos, y abandonar el recinto ante cualquier síntoma compatible con el covid. Una vez dentro del parque habrá que mantener una distancia interpersonal de seguridad (1,5 metros) y, de no ser posible, utilizar mascarilla.

Respecto al aforo máximo, el Concello estableció el número de personas para cada uno de los 38 parques infantiles, que va de las 90 personas del parque de Barcelos (el más grande) a las 4 del biosaludable de la calle Irlanda, en Monte Porreiro.

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«Hay que estar con seis ojos, porque las distancias en los niños no existen»