Así se derriba un adefesio de ladrillo para dar paso a una empresa que crece

Del armatoste que deslucía la iglesia de Curro solo quedará la parte de abajo


PONTEVEDRA / LA VOZ

Afortunadamente, hay empresas que tenían previsto crecer antes de la pandemia y que, pese a todo lo ocurrido, mantienen sus proyectos. Ocurre así con una firma de Pontevedra llamada Oso Perezoso, que tiene mueblerías tanto en Pontevedra como en Poio. Esta empresa compró un edificio en Curro (Barro) para derribar gran parte del inmueble -los pisos superiores estaban en una situación irregular- y convertirlo en su centro logístico. El confinamiento ha retrasado un poco las cosas. Pero las excavadoras ya están trabajando a pleno rendimiento y han ejecutado buena parte de la demolición. Lo mejor de esta iniciativa empresarial cumple dos funciones: hace que Oso Perezoso crezca y, a la vez, elimina un auténtico icono del feísmo a orillas de la iglesia de Curro y de la carretera que va de Pontevedra a Vilagarcía (PO-531).

El inmueble comprado por Oso Perezoso no era un edificio cualquiera. En su día, en el bajo, albergó un negocio de coches. Pero luego se construyeron tres plantas superiores con una estética muy particular: plagadas de arcos por todas partes. La parte superior del edificio nunca llegó a tener utilidad ni tampoco a terminarse.

Estaba en una situación irregular y poco a poco fue agonizando sin haberse estrenado. Era muy fácil fijarse en este adefesio de ladrillo desde la carretera que une la urbe del Lérez con la capital arousana, por la que pasan más de 20.000 coches al día.

«Isto xa parece outra cousa»

A principios de año, el Concello de Barro se mostraba contento de que una empresa hubiese adquirido el inmueble y, por fin, se fuese a derribar el armatoste. Ayer, el alcalde de Barro, Xosé Manuel Fernández Abraldes, exclamaba:

«¡Isto xa parece outra cousa!»

. Explicaba luego que el Concello se preocupó de inspeccionar que una empresa especializada en demoliciones ejecutase el derribo y de que

«os escombros se estean baixando saco a saco, tal e como vemos que están facendo agora mesmo».

Íñigo Pérez Carramal, que habla en nombre de Oso Perezoso, señalaba que tras ejecutar el derribo tendrán que hacer obras en la parte de abajo del inmueble para poder instalarse ahí. Luego, tocará llevar sus colecciones de muebles, algo que esperan hacer en el mes de octubre. Indicaba que están sorprendidos de cómo les fueron las cosas durante la pandemia: «Mantuvimos la tienda digital y hubo bastantes pedidos. Notamos que la gente como estaba en casa aprovechaba para ver las webs, cambiar muebles y redecorar el hogar. También notamos incremento en la venta de sofás. Los miraban por Internet y, cuando reabrimos, vinieron a probarlos y comprarlos».

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