Cambio de manos para rejuvenecer el icónico Carabela : «Aquí estoy en mi salsa»

Con 23 años, Miriam Baeza toma las rienda de un negocio que en el 2021 cumplirá 75 años en el corazón de Pontevedra


pontevedra / la voz

No hay pontevedrés que no conozca el Carabela. En el imaginario de todos están esos uniformes blancos con galones dorados y esos amplios ventanales que se abren a la Ferrería, el corazón de piedra de la ciudad. A punto de cumplir 75 años, uno de los iconos de la hostelería local acaba de cambiar de dueño. El Carabela lo capitanea la joven grumete, Miriam Baeza. Criada en una familia de hosteleros, esta joven de 23 años decidió emprender una nueva aventura junto a su pareja Edgar Prieto después de haber tenido otros negocios antes. «No sé cuantas veces habré oído a clientes decirme ‘pero qué joven eres’», explica Baeza, que también reconoce que «estoy en mi salsa, yo soy muy sociable y esto, a mí, me encanta». Por ahora solo ha encontrado una piedra en el camino, la que le puso el confinamiento. Cogió el local unos días antes del Carnaval y el 14 de marzo tuvo que cerrar sus puertas. No tuvo tiempo casi de arrancar cuando se decretó el estado de alarma, pero el pasado 21 de mayo retomó la actividad de la mano de Antonio, un camarero que es la historia viva del local después de dos décadas atendiendo las mesas. Él ha visto los años de esplendor y los más oscuros del Carabela. «Ahora estamos remontando el vuelo», explica, mientras Miriam reconoce que «sin él nos morimos». La pregunta que se hacen muchos al llegar es ¿cómo alguien tan joven se mete en esta aventura? Ella da la respuesta con contundencia. «Desde que era una niña venía aquí y cuando surgió la posibilidad de cogerlo, no lo dudé», señala. Tan solo tardó un mes en arreglar toda la documentación y ponerse a las mandos de la cafetera. Ahora espera rejuvenecer el local, manteniendo la esencia de quien lo fundó hace 75 años. En el 2021 cumplirá el aniversario en las manos más jóvenes que tuvo nunca. «Nosotros queremos atraer a público más joven, poner algunas copas y tapas porque es un tipo de negocio que se puede explotar todas las horas del día. Hasta nos planteamos servir muchos tipos de desayunos», comenta Baeza, que tiene muchas ideas que la pandemia no le ha dejado explotar. El 1 de julio se ha fijado la fecha para darle esa nueva cara. Lo único que no se moverá serán esas mesas que están en el imaginario de la ciudad. «Si le hacemos algo, será barnizarlas, pero queremos mantenerlas», asegura.

Si hay algo que aún teme Mirian es que haya algún rebrote y tengan que volver a cerrar. Por el resto, ella demuestra que le sobran ganas para que el Carabela cambie de cara, sin perder las tertulias que todavía se mantienen hoy intelectuales de la ciudad como César Portela, Rafael López, Luciano Varela, Xosé Fortes y Modesto Barcia. «La clientela de toda la vida sigue viniendo y por la tarde empieza a haber gente más joven», explica la hostelera pontevedresa.

Los primeros dueños del Carabela lo dejaron en manos de sus nietos en el 2012, pero dos años después pasó a la anterior propietaria y ahora, seis años después Miriam y Edgar capitanean una nueva renovación para devolver al Carabela al mejor puerto.

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