Las alfombras florales: una tradición con siete siglos de historia que quiere ser bien de interés cultural

Diez municipios se unen a la petición de la Federación Galega, que fija el origen de este arte en el siglo XIV en Pontevedra y Ourense


pontevedra / la voz

Los alfombristas gallegos han dado un paso al frente al solicitar a la Xunta que se declaren sus creaciones florales como un bien de interés cultural, como ya ha pasado en otras comunidades autónomas. En esta petición formal en la que están asociaciones de Ponteareas, Bueu, Moaña, Rianxo, Ames, Cela (Bueu), Redondela, Cangas, Burela, Miño y Pontevedra se aporta un informe histórico y antropológico en el que se recoge que la primera alfombra hecha en Galicia fue en Ourense, en 1323, y más tarde, en Pontevedra. Estás son las más antiguas y datan de hace siete siglos, pero en la actualidad hay más de cien localidades gallegas que cuando llega el Corpus cubren de flores sus calles. «As celebracións florais manifestan o xenio, a poética e a alegría espiritual do pobo galego e son reliquias culturais nas que converxen aspectos e saberes de diversa procedencia, sendo ao mesmo tempo unha expresión individual e colectiva, antiga e nova, con vocación universal», explica la historiadora Ana Filgueiras, quien redactó el informe antropológico para la Federación de Asociacións de Alfombristas Galegos de Arte Efímera. Aunque es en la festividad del Corpus Christi cuando hay más alfombras, también se relacionan con otras celebraciones como Os Maios, san Xoán y la Pascua.

Desde el punto de vista histórico y cultural es importante, según explican en la Federación, discernir entre las que se identifican como patrimonio cultural inmaterial procedente de una herencia secular tradicional y el que viene derivado de aportaciones contemporáneas. En el primer caso se trata de caminos por los que pasan procesiones que junto con elementos y expresiones culturales asociados, como la danza o la música, son reliquias vivas del pasado. Dentro de la misma categoría de patrimonio cultural inmaterial  están expresiones florales que fueron surgiendo a lo largo de los años y renovando la tradición. 

Bueu fue uno de los pocos ayuntamientos gallegos que este año mantuvo sus alfombras, aunque la imagen poco tenía que ver con el ambiente de años pasados. Los alfombristas defienden un patrimonio cultural inmaterial que es necesario proteger y divulgar. «É unha tradición venerable con temperamento propio que permanece viva por vontade da súa transmisión, que resiste e persiste e por tanto debe ter dereito a continuar» explican desde la Federación.

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