Matagusanos, el guarda del parque que vuelve a estar de moda en Pontevedra

La pandemia obliga a vigilar columpios. Y en la ciudad del Lérez se recuerda al temido «policía» de Las Palmeras


pontevedra / la voz

Hay personajes míticos de cada ciudad que, por mucho que no salgan en los libros, nunca mueren. No lo hacen porque, aunque fallezcan discretamente, siguen vivos en la memoria y su leyenda se hace enorme conforme más generaciones conocen sus mañas. En Pontevedra, en la historia de sus calles viven para siempre María la del Carrillo y sus chucherías de A Ferrería, Adonis y su abrigo marrón o La Emperatriz y sus famosos vestidos. Y son solo tres ejemplos. Porque la lista es inabarcable. Pero lo llamativo es cuando uno de ellos no solo no muere, sino que parece que revive y su nombre se pone de moda. Ocurre ahora con el Matagusanos. ¿Quién es él y por qué se habla de él? Todo tiene que ver con estos tiempos tan raros de la pandemia.

En el Facebook, que es donde ahora se mantienen las tertulias, no falta últimamente quien se acuerde del emblemático Matagusanos, un hombre que hacía de guarda en el parque de Las Palmeras y al que se le atribuyen anécdotas tan increíbles que cuesta creerlas. Hay quien dice que si siguiese existiendo esa figura otro gallo cantaría y se podrían reabrir los parques infantiles, ahora que no se les puede quitar ojo a los columpios por miedo al coronavirus. Porque el Matagusanos, cuentan unos y otros, lo vigilaba todo dentro de su parque. Y, posiblemente, ni un virus se le escaparía.

 

Hay quien recuerda al Matagusanos con porra, uniforme y gorra, quien dice que era un sombrero... y quien cree que el Matagusanos, en realidad, solo fue uno de los varios vigilantes que hubo en Las Palmeras. Nada mejor que preguntarle a José Valero, un hombre empeñado en rescatar siempre fotografías y documentos de los personajes míticos de Pontevedra, para poner blanco sobre negro: «Este hombre era un vigilante que estaba por Las Palmeras entre los años sesenta y setenta y el mote se lo debieron de poner los chavales. Yo me acuerdo de jugar allí, en los bambanes -los viejos columpios de hierro del parque-, y verlo a él vigilando. A veces te quitaba el balón si andabas muy a lo loco, era frecuente que te riñese», explica. Luego, suspira, se ríe y dice: «Algunos niños le tenían miedo, pero yo lo que recuerdo es que éramos terribles con él, que más de una vez acabó el pobre hombre dentro del pilón por culpa de las gamberradas que le hacíamos. Entonces, la historia era así de dura, las canalladas eran la leche».

«Corría detrás nuestra»

Algo más dulce recuerda aquella época Meli Fandiño, periodista jubilada que en el año 2017 llevó a la emoción a muchos pontevedreses cuando hizo, precisamente, una exposición fotográfica de Las Palmeras. Ella también recuerda esa figura del guarda de parques y jardines pululando por allí, aunque no sabe si sería el mítico Matagusanos o algún otro compañero. Echa una ojeada y, aunque dice que siempre tuvo mala memoria, se ve a ella misma saliendo del instituto Valle-Inclán, con once años, directa a los bambanes de Las palmeras y con el guarda ojo avizor: «No se perdía detalle de lo que hacíamos. Si te montabas en los columpios e ibas muy fuerte te llamaba la atención y, sobre todo, estaba muy pendiente de que los chavales no le hiciésemos daño a los animales que estaban en el parque, desde la mona Chita a los patos», cuenta. Luego, apostilla: «La verdad es que el hombre pasó las suyas, corría detrás nuestra porque hacíamos de todo, hasta darle chicle a la mona».

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