«Madrigallegos»


Este termino fue acuñado por el escritor Raimundo García, Borobó, y define a los gallegos de primera generación que vivimos en la Comunidad de Madrid. Somos tantos, algo más de 80.000, como habitantes tiene la ciudad de Pontevedra. Podríamos ser una capital de provincia gallega.

En Madrid existen asociaciones gallegas que agrupan a profesionales, a médicos, abogados, empresarios y periodistas, asociados con su único vínculo común que no es otro que la galleguidad. Llevamos a Galicia como santo y seña, como compromiso, y nuestra estancia en la capital de España la consideramos siempre como provisional; aunque llevemos varias décadas viviendo en ella, mantenemos un permanente billete de vuelta, aunque sea para que la tierra nos acoja tras el viaje definitivo. Vivimos, allí donde habitamos, como gallegos, que es más que un signo de identidad, más que un estado de ánimo, más que una cultura del comportamiento.

Y cada año, cuando llegan los meses del verano regresamos a nuestra aldea, a nuestra ciudad; volvemos, como las golondrinas, al lugar donde nacimos.

Muchos de nosotros tenemos una vivienda alternativa en nuestros pueblos de origen, enraizando el afecto con lo nuestro. Alrededor de un 30 % poseemos una casa, un piso, una vivienda al fin, en algún lugar de Galicia.

Consideramos que no existe diferencia alguna entre los dos lugares, Madrid y Galicia, donde transcurre nuestra vida.

La comunidad uniprovincial de Madrid tiene siete millones de habitantes, Galicia alrededor de 2,5 millones, y cuatro provincias. Madrid ha sido duramente castigada por el coronavirus, con miles de muertos y contagiados, la comunidad gallega tuvo una incidencia menor en el número de víctimas e infectados. Galicia está casi libre del virus, Madrid lo está combatiendo eficazmente.

Y no debe haber ese temor primario a «los madrileños» a los madrigallegos, cuando volvamos con el verano, porque no transportamos ningún virus. El covid no esta fuera, está dentro, el virus divide a los gallegos del interior y a los de fuera. Somos los mismos, los que llevamos el abrazo y esperamos la aperta; los de siempre que únicamente estamos infectados de nostalgia, de morriña y de saudade, con el mismo sentidiño del que hacemos gala. Somos los madrigallegos.

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