El ocio nocturno se asfixia: «No sabemos por qué nos dejan de lado»

«Qué voy a hacer con 30 empleados y el 70 % menos de aforo», dicen desde La Luna


pontevedra / la voz

Los empresarios de la noche entonan su particular resistiré para enfrentarse al verano más duro de los últimos años. Mientras la ciudad recobra la normalidad, ellos ven como la soga de la desescalada les aprieta cada vez más hasta dejarlos al borde de la asfixia. Pensaban que en la fase tres podrían abrir sus puertas con ciertas restricciones, pero el pasado fin de semana se despertaron con que no podrán arrancar hasta julio. «La verdad es que no sé por qué nos han dejado de lado, hay medidas para todos los sectores, pero nosotros no podemos abrir», explica Julio Barral, propietario de varios locales de ocio nocturno en Pontevedra, que añade: «Nosotros estamos pagando todo, tenemos que vivir y llevamos tres meses sin ingresos». Como muchos de sus colegas de profesión, saben que buena parte de la salvación pasará por reinventarse para afrontar el verano.

Las ideas han empezado a brotar para salvar la crisis de ocio que se avecina. «Tendremos que cobrar entrada con derecho a una consumición o hacer cita previa, si tenemos que habilitar solo parte del aforo será imposible sobrevivir de otra forma», comenta Barral. Su situación se repite cada vez que algún empresario cuenta su experiencia. Daniel Lorenzo, responsable de La Pomada, tiene cinco empleados y ninguno ha cobrado el ERTE. «Somos el patito feo de la hostelería, pero no nos rendiremos, no prescindiré de ningún empleado, al revés, me planteo abrir más horas para que todos puedan seguir trabajando», indica Lorenzo, que al igual que el propietario de la discoteca La Luna, Luis López, sus empleados son como parte de su familia.

En el caso de la sala de fiestas la cifra de trabajadores ronda la treintena. Tiene un futuro incierto si ponen limitación de aforo. En su local caben cerca de 1.700 personas y si tiene que dejar entrar solo menos de la mitad, no sabe cómo saldrán adelante. «Lo que se avecina es complicadísimo, nosotros no sabemos cuándo vamos a abrir, pero si nos siguen apretando de tal forma, igual lo tenemos que tener cerrado hasta octubre», subraya.

La Luna fleta cada fin de semana seis autobuses de toda Galicia para llenar la discoteca. El miedo de sus clientes, muchos de ellos mayores, es el otro problema que ve López Basalo, que aún así espera que el Gobierno dé pautas más claras para la reapertura. «Qué voy a hacer con 30 empleados si me sacan el 70 % del aforo», lamenta.

El presidente de la Asociación de Hosteleros de Pontevedra, Víctor Pampín, pone voz a todo el colectivo cuando tacha de «noticia nefasta» el no poder abrir hasta finales de mes. El sector se muestra desconfiado sobre el futuro y aunque pelarán por mantener todo el empleo, saben que la única salida es reinventarse para salir reforzados en una hostelería que no ve la luz al final de la desescalada.

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