El incansable activista contra el embalse del Umia que no perdió la retranca hasta el final

Samuel Fariña Pisos, que fue presidente de la Asociación de Propietarios Encoro Non, falleció en Moraña a los 87 años

Samuel Fariña Pisos, en octubre del 2016, en la iglesia de Santa Cruz de Lamas, en Moraña
Samuel Fariña Pisos, en octubre del 2016, en la iglesia de Santa Cruz de Lamas, en Moraña

Pontevedra / La Voz

En la lucha vecinal contra el embalse del Umia que se libró a finales de los noventa en Caldas de Reis, Cuntis y Moraña ocupará un lugar destacado. Samuel Fariña Pisos, que fue presidente de la Asociación de Propietarios Encoro Non y un destacado activista contra la presa de A Baxe, falleció este domingo por la noche en su casa de Santa Cruz de Lamas, en Moraña. Tenía 87 años. Manuel, uno de sus siete hijos, cuenta que Samuel estaba bien, dentro de sus achaques habituales. Tenía asma y problemas respiratorios y de corazón desde hacía años. El Día das Letras Galegas cenó y lo acostaron. Poco después oyeron un ruido en la habitación. Samuel se había caído de la cama y golpeado contra otra cama. De esta forma se fue. «Dijeron que le pudo dar un derrame interno o que le falló el corazón», relata Manuel, que subraya que su padre no perdió su humor y su retranca hasta el final.

Samuel Fariña trabajó como albañil en la constructora San José hasta que se prejubiló. Estaba casado con su compañera de vida, Cecilia Cerviño. Tuvieron siete hijos. «É que antes non había tantos adiantos», decía Samuel cuando se le preguntaba. Además de Manuel, dicen que el más parecido a su padre, Moisés, Luis, María José, Soledad, Samuel y Liliana. Samuel Fariña era un habitual en las protestas contra la construcción del embalse del Umia y sufrió en sus carnes, además de los sinsabores, algún que otro palo de los antidisturbios. En octubre del 2016 La Voz lo visitó en su casa de Santa Cruz de Lamas. Contaba cómo era su tranquila vida veinte años después de la batalla contra la presa. Decía Samuel, con sus ojos azules y su carrito de oxígeno, que volvería a hacer lo que hizo entonces porque aquella fue una infraestructura hidráulica impuesta y que no trajo nada bueno. El tiempo parece darle la razón. De aquellas intensas jornadas que se prolongaron meses y años y que rompieron algunas familias, él se quedaba con las amistades surgidas de esa lucha. Y tenía especial cariño a Paloma Fernández, Farruco Casal y Tesi Devesa. Samuel pasaba los días, contaba, sin hacer grandes cosas. Se levantaba tarde y disfrutaba del desayuno. Mataba el tiempo viendo la tele y dando algún pequeño paseo. Ya casi no leía, pero veía noticias, fútbol y alguna película. Estaba al tanto de la actualidad. Y le seguían gustando los callos y el marisco. Fue militante del PSOE y se murió siendo simpatizante del partido.

Su final le tocó en tiempos del coronavirus. «Outra fanfarronada máis», le decía a sus hijos. La emergencia sanitaria obliga a que su despedida sea en la intimidad familiar. Su cuerpo está en el tanatorio de Moraña, pero no se recibe duelo. El entierro, con asistencia limitada a quince personas, se celebrará este lunes a las 20.40 horas en el cementerio parroquial de Santa Cruz de Lamas.

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