Ejercicio común de responsabilidad

Empresarios, clientes, administraciones deberán esmerarse en cumplir con las exigencias del momento para no dar al traste con las esperanzas de salir de esta crisis


La primera semana de Pontevedra en fase 1 puso de manifiesto las ganas de expandirse después de tanto confinamiento. Necesitábamos respirar las calles, por cierto, con un aire aún más limpio gracias a la reducción de emisiones de dióxido de carbono con el tráfico parado. Estábamos como fieras enjauladas. No nos bastaba con recuperar esas franjas horarias para caminar o correr como veníamos haciendo desde una semana antes; o ahora para hacer ciertos deportes permitidos. Nos faltaba ese tiempo de disfrutar encontrándonos en torno a una caña o un café.

Esa necesidad vital se ha reflejado especialmente con motivo de la reapertura de terrazas al 50 % de su aforo en establecimientos de hostelería. A pesar del ínfimo porcentaje de las que abrieron. Al respecto no hay un dato concluyente pero sí aproximativo. Según Víctor Pampín, presidente de la asociación de Hosteleros Empresarios de Pontevedra, estarían por debajo de un 10%. Pero otras fuentes rebajan mucho más la cifra de locales que abrieron con terrazas. El equipo de la concejalía de Promoción Económica estima que son entre 30 y 50 establecimientos los que se han atrevido a dar el paso, pero admite que tiene información incompleta. Un dato que cuadra con el aportado por la concejalía de Ocupación de Espazos Públicos que detalló que la Policía Local inspeccionó 150 establecimientos durante el lunes hallando solo 12 abiertos mientras 27 pedían asesoramiento sobre disposición de las terrazas.

Una reapertura que, por tanto, obedece más a un deseo de reiniciar la actividad y reengancharse con la clientela que a criterios de rentabilidad, a todas luces mínima dadas las limitaciones de aforo. Y que, en algunos espacios de la ciudad, se ha visto enturbiada por ciertos excesos que hay que atajar inmediatamente para no dar al traste con el interés general.

Descontrol preocupante

La responsabilidad de los hosteleros que se atrevieron a dar el paso se ha tornado en algunos casos en grave preocupación por el desborde de personas, mucha gente joven, que se arremolinaba en cifras superiores a la permitida (diez) y sin guardar los dos metros requeridos. Un descontrol evidenciado en las imágenes que se vieron lunes y martes en plazas y calles del centro histórico. Humanamente es entendible, pero inaceptable si podemos poner en riesgo lo alcanzado tras dos meses de cuarentena.

En consecuencia, se apretó al sector desde la Subdelegación de Gobierno y el Concello: arreciaron las inspecciones policiales a los establecimientos, se mandaron cerrar terrazas asoportaladas, se revisaron anclajes y toldos y las patrullas pasan cada cuánto. Me consta de media docena de propietarios de establecimientos que ya decidieron volver a cerrar por su cuenta por temor a las consecuencias. Y también de la existencia de algún grupo de WhatsApp que funciona como la «vieja del visillo».

El presidente de Aempe, José María Corujo lo definió atinadamente: «Estamos viendo que los establecimientos cumplen con las precauciones, con el personal aleccionado en medidas de protección, pero echamos en falta mayor precaución entre los clientes».

Empleador principal

Repito que el panorama para la economía local es muy preocupante. En una ciudad cuyos principales empleadores son las administraciones públicas y el sector servicios, la descompensación de uno de ellos resultaría fatal.

La hostelería y el turismo generan en la ciudad de Pontevedra, a través de unos dos mil empresas (entre pymes y autónomos), en torno a 15.000 empleos, según el dato que maneja la citada asociación de hosteleros. Es decir, diez veces más de la pírrica estimación que hizo días atrás el alcalde después de reunirse con ellos. Fue precisamente Víctor Pampín quien declaró esta semana después de aquel encuentro con Miguel Fernández Lores que «parece que la hostelería no cuenta demasiado para el Concello de Pontevedra». No lo dijo tanto por la diferente percepción del trabajo que genera el sector sino por la falta de respuestas concretas del gobierno municipal a las demandas planteadas en materia fiscal, de aprovechamiento de espacios públicos y de ayudas tecnológicas y de logística. Mañana este asunto gravitará en el pleno municipal con las mociones del PP y las respuestas del gobierno coaligado, al que estarán mirando con lupa miles de pontevedreses que ahora mismo están, como mínimo, desconcertados si no defraudados.

Perspectiva inquietante

Con ERTE prolongados hasta el 30 de junio, pero condicionados para las empresas a que un solo despido supondría la devolución de todos los seguros sociales subvencionados; y para los trabajadores con el aviso de que, a partir del 1 de julio, si siguen regulados en ERTE, les empezará a consumir el paro. Con un horizonte de movilidad incierto porque sabemos que a partir del 25 será interprovincial pero desconocemos cuando se permitirá entre comunidades autónomas. Con las fronteras con Portugal cerradas como mínimo hasta el 15 de junio. Con una perspectiva de muchas fiestas canceladas y otras en serias dudas (incluidas las de nuestra ciudad). En suma, con la obligación de recrear una oferta turística adelantándonos a las exigencias que nos traído el bicho, la perspectiva de futuro es inquietante para todos aquellos negocios, empresas y autónomos que configuran el sector de servicios.

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