Cuando la provincia se blindó contra el cólera

Pontevedra y Vigo adaptaban edificios para acoger posibles enfermos y se daba orden de desinfectar ferrocarriles y de cerrar la frontera de Tui para evitar que la epidemia llegase a Galicia en 1894


pontevedra / la voz

El cólera era el coronavirus del siglo XIX. Solo bastaba mencionarlo y ya ponía los pelos de punta a los oyentes. Así que no sorprende que en 1894 en cuanto llegaron a oídos de las autoridades que había casos en el norte de Portugal, el Gobierno español cerrase los pasos fronterizos de las provincias de Pontevedra y Ourense. La Voz de Galicia informó casi día a día a sus lectores sobre el desarrollo de los acontecimientos. El temor se seguía extendiendo entra la población hasta el punto de que hace hoy 193 años, La Voz de Galicia dio cuenta de una circular del gobernador pontevedrés, Antonio Dieffrebruno, donde se daba cuenta de las medidas estrictas para hacer frente al peligro.

En esa orden dirigida a los alcaldes se les pide que pongan en marcha las disposiciones que el Gobierno español había aprobado en septiembre del año anterior durante un episodio previo de cólera. Son medidas de carácter preventivo, que podrían recordarnos a los días que vivimos en la actualidad. En la ciudad del Lérez se escogió un local que podría servir de hospital de campaña llegado el caso y se impulsaron medidas sobre el control del movimiento de personas y mercancías. Así lo describía La Voz en cuanto a la ciudad de Pontevedra: «Quedó ya habilitado en el barrio de la Moureira, en Pontevedra, en un edificio que fue fábrica de curtidos, un hospitalillo en previsión de si hubiera necesidad de utilizarlo con motivo de la existencia del cólera en Portugal». En esta misma línea se añade: «También en la estación del ferrocarril se ha instalado un local para el reconocimiento de viajeros y desinfección de equipajes que procedan del vecino reino».

Preocupaba Tui, ya que ya que se daba por sentado un control más fácil de los pasos fronterizos ourensanos. En la villa del Miño, sin embargo, las cosas llegaron a ser provocar roces y una intensa desconfianza hacia todo lo que venía del otro lado del río.

«Escrupulosa vigilancia»

Los carabineros tudenses recibieron instrucciones sobre una «escrupulosa vigilancia», según comunicó el redactor de La Voz en mayo. Era una medida que iba acompañada por otras complementarias. «Se impedirá el desembarque de personas, equipajes y mercancías de toda clase en cualquier punto del Miño, esté o no habilitado, con excepción de aquellos en que se establezcan oficialmente inspecciones sanitarias».

Se instauró un cordón sanitario tan férreo que prácticamente aisló a los territorios luso y gallego. Se quería evitar, a toda costa, los contactos pesqueros y de transporte de mercancías para que no se convirtiesen en un canal transmisor de la epidemia. Se ha ordenado a los alcaldes de los ayuntamientos situados en la costa, que prohíban en absoluto la entrada de los buques procedentes de Portugal y el menor contacto con las embarcaciones que de dicha nación procedan». Y a falta de GPS, móvil y satélites se hacían listas de las tripulaciones en el Miño.

«Con el fin de no causar perjuicio al comercio de cabotaje, pescadores españoles y barcas de pasaje o escoteros, será permitida la circulación por el río de uno a otro punto de España sin tocar a Portugal ni comunicarse con barcas de dicha nación, siempre que vayan provistos de los documentos que al efecto están prevenidos, y además de una relación nominal de todas las personas que vayan en las barcas».

Tanto miedo había al a difusión del cólera en Galicia, que la Guardia Civil detuvo y trasladó a Guillarei a tres portugueses que habían arrojado por la ventanilla de un tren unos paquetes y detenidos también fueron los dos gallegos que los recogieron de las vías. De hecho, el movimiento de pasajeros por tren pasaba controles estrictos.

«Los viajeros procedentes del interior de Portugal se ven obligados a pernoctar en dicha ciudad [Tui]. La compañía de ferrocarriles ha declarado que servían los billetes para el tren de la mañana del día siguiente. Esta determinación causa muchos disgustos a los transeúntes».

Malestar por falta de medios

Las quejas por la improvisación de las autoridades tampoco son ninguna novedad. En la campaña preventiva de 1894 se advertía de que si la Guardia Civil tenía que controlar tanto las fronteras gallegas con Portugal no habría agentes para hacer más cosas. Y se les pedía, por lo tanto, más agentes y presupuesto.

Un caso sospechoso de cólera en Tui causó una gran conmoción en la primera semana de mayo de 1894. El temor de que la epidemia hubiese entrado en Galicia provocó un gran revuelo. Los tudenses se encargaron des desmentirlo. Efectivamente había habido un caso sospechoso, pero el paciente era un «enfermo de fiebre gástrica».

El control sanitario parecía funcionar, mientras que los casos de cólera en el país vecino no parecían asumir la cifra tan peligrosa como se esperaba. Aún así, el Concello de Vigo alquiló una casa como hospital de campaña por si acaso, para «cuatro o seis camas», que no se llegó a usar.

Las noticias del cólera portugués poco a poco dejaron de ocupar espacio. La alerta sanitaria se desconvocó y las cosas volvieron a la normalidad.

Desinfección de equipajes de los viajeros en la estación y control de los pasajeros

Prohibición de que los barcos de pesca crucen el Miño y el atraque de lusos en puertos gallegos

La Guardia Civil detiene a tres portugueses por tirar paquetes por la ventana del tren

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