Pontevedra quiere salvar sus fiestas

Pese al panorama de cancelaciones, el Concello decide aguardar consciente de la importancia vital de los festejos para la economía local


El Concello de Pontevedra se posiciona en la excepción. Frente a lo que tantos otros municipios del país están decidiendo, cancelando festejos, incluso ya para los meses de verano, la ciudad del Lérez mantiene la intención de sacar adelante la mayor parte de la programación del Verán Cultural. Bajo esa denominación marco, el gobierno municipal engloba un calendario de eventos de dos meses y pico, que abarca desde la romería de San Benito del 11 de julio hasta la Feira Franca, que este año caerá en 4 y 5 de septiembre.

El alcalde fue quien verbalizó hace 48 horas esa posición durante una comparecencia telemática. «Parece evidente que as grandes aglomeracións van estar prohibidas por algún tempo, pero a min non me gusta adiantarme na toma de decisións», manifestó. Puede parecer una defensa numantina. Pero se explica desde una óptica muy sencilla: Miguel Anxo Fernández Lores y su equipo son conscientes de que toda la programación festiva de Pontevedra genera un retorno económico de muchos millones de euros que, si cualquier año es fundamental, este malhadado 2020 resultaría vital para la economía local.

Basten un par de datos para que se hagan una idea: solo la Feira Franca, en la práctica día y medio de festejo de recreación medieval, mueve entre 9 y 12 millones de euros cada año. Ahora multipliquen contando solamente el festival de jazz, Santiaguiño del Burgo y semana grande de la Peregrina. Y un segundo indicador: el PIB de la ciudad de Pontevedra fue de 1.888 millones de euros en el 2019. El sector servicios aportó 1.371 millones, un porcentaje altísimo en el que el movimiento que generan las fiestas tiene una incidencia altísima para el turismo, la hostelería y el comercio de proximidad. Para Pontevedra tener que prescindir de los festejos puede suponer la muerte económica para numerosos establecimientos.

Singularidad

El panorama de referencias en el entorno es desolador. Tan solo en los últimos días, Cambados comunicó que cancela la Festa do Albariño (al menos la faceta más populosa con los stands del paseo de La Calzada); Ribadumia renuncia a celebrar la Festa do Viño Tinto de Barrantes; Vilagarcía desistió de hacer las fiestas de Santa Rita…

Está por ver qué va a pasar con las hogueras de San Juan (Coruña ya las canceló en Riazor) o con las fiestas del Carmen que serán otras dos referencias que tendremos en junio y julio.

Si miramos a nivel nacional, ya se han suspendido o en el mejor de los casos aplazado, festejos que mueven cientos de millones de euros en este país como las Fallas de Valencia, la Semana Santa, la Feria de Abril de Sevilla, los Sanfermines de Pamplona o el Orgullo, en Madrid. Todos son eventos que movilizan a miles, cuando no millones de personas, que viajan y se reúnen en esas ciudades.

En medio de este paisaje, Pontevedra representa la singularidad eludiendo, al menos por ahora, tener que plantearse un año sin fiestas, romerías ni eventos culturales. De momento, la reflexión sobre semejante tesitura se lleva con discreción, bajo la coraza de evitar la precipitación. Lores rompió un prolongado silencio para reclamar que haya una desescalada por territorios. Pidió que en nuestro caso sean la Xunta y el Concello los que tengan capacidad decisoria «atendendo ao coñecemento e tamén ás especificidades de cada zona e á incidencia da pandemia», según dijo el regidor.

Equilibrismo

Parece evidente que las esperanzas del alcalde de salvar la mayor parte posible de la programación festiva de la ciudad, se basan en la hipótesis de un desconfinamiento territorial más madrugador y tolerante en Pontevedra. Aun así, Carmen da Silva y su equipo tendrían que hacer equilibrismo para sortear las probables limitaciones de asistencia y espacio que pudieran regir, para intentar mantener eventos musicales como por ejemplo el Festival Internacional de Jazz o los conciertos de la Peregrina tanto en la plaza de España como en A Ferrería. Quizás como lo que se propone hacer la presidenta de la Diputación, Carmela Silva, quien quiere sortear las dificultades para salvar a través de las redes sociales, la media docena de festivales de música que componen el Rías Baixas Fest.

¡Qué decir de las virguerías que habrá que hacer con las concentraciones de público en las atracciones y barracas o en la cenas y comidas de Feira Franca…! Y aunque no sea competencia directa municipal, no olvidemos otros acontecimientos clásicos de la Semana Grande que reúnen a miles de personas: las corridas de toros, las procesiones o el baile de la Peregrina en el Liceo Casino. ¿Se podrán mantener todos estos y aquellos actos?

Quizás sea más realista, conforme transcurran las semanas y se despejen incógnitas, plantearse un horizonte festivo de mínimos, a partir de solo aquellas partes de la programación que puedan sortear las limitaciones sanitarias que para entonces persistan. Imaginemos, por ejemplo, los espectáculos pirotécnicos sin acumulación de público en As Corbaceiras.

No obstante, me ha llamado la atención una decisión que es todo un gesto: la junta de gobierno del pasado lunes 13, aprobó el gasto de 115.000 euros para la contratación hasta el 2023 de la auditoría técnica que cada año se encarga de supervisar la instalación y montaje de las atracciones para las fiestas de Santiaguiño y de la Peregrina…

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