Las obras, pendientes de la alerta

Concello y Xunta, así como empresas privadas, mantenían hasta ayer proyectos en marcha en Pontevedra, pero tras el anuncio del Gobierno se impone la paralización


Pontevedra / La voz

Una de las cosas que llamaban la atención en estas primeras semanas de confinamiento era que la construcción no se había parado. El decreto por el que se declaró el estado de alarma no incluía al sector entre aquellos que se vieron forzados a parar la actividad —como sí sucedió con gran parte del comercio, la hostelería y otras actividades—, pero ayer todo cambió.

En medio del silencio que impera estos días en las calles del centro, no era raro escuchar sonidos procedentes de obras en marcha. Eso sí, respetando las medidas de seguridad, mascarillas incluidas.

Ni la iniciativa privada ni la pública habían parado a causa del coronavirus, aunque esta situación cambió ayer, ya que el Gobierno tenía sobre la mesa una propuesta para endurecer las condiciones del confinamiento y paralizar tanto la construcción como la actividad industrial no esencial para la crisis sanitaria. Y así fue. En el caso de la ciudad de Lérez, al margen de un puñado de obras de iniciativa privada, había varios tajos públicos que seguían en marcha, con el Concello o la Xunta como promotores.

Era el caso de la reforma del entorno de la estación de autobuses, que no solo estaba en marcha sino que después de un parón de varias semanas había retomado su actividad el pasado lunes, cuando la mayor parte de los ciudadanos ya estaban recluidos en sus domicilios.

El proyecto lo promueve la Consellería de Infraestruturas e Mobilidade, que esta misma semana anunció también el inicio de la obra de dotación de semáforos en la PO-308, en Chancelas (Poio), que ahora también se parará. Desde el Concello también se mantenían proyectos en marcha. Como el puente de O Burgo, cuya ejecución está en su última fase. La obra la cofinancia la Unión Europea, por lo que hay unos plazos estrictos que cumplir. Además, desde el gobierno local se subrayaba que mantener las obras en marcha era una manera de seguir inyectando liquidez a las empresas constructoras y de mantener la economía local.

Ahora todo se pospone. Como la obra de la calle Herreros, donde el Concello acomete la construcción de una nueva sede administrativa.

Asimismo, el Concello acometió en plena cuarentena una obra de emergencia en Lourizán. Se trató de la pavimentación de caminos en los lugares de Rorís, Meán e Outeiro. Pero estos trabajos estaban más que justificados: se trataba de un proyecto adjudicado en su día a Nexia, pero la quiebra de esta empresa dejó la obra sin rematar, con las pistas levantadas e impracticables. Lo que hizo el Concello fue contratar a una empresa para tapar las zanjas y dejar practicables los viales. Cuando todo esto pase, se readjudicará la obra que abandonó Nexia.

Por último, este viernes se reabrió al tráfico en doble sentido la avenida de Domingo Fontán, que tenía un carril cortado desde octubre. Una obra que remató en plena cuarentena.

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