«La situación del mercado trae al recuerdo la dureza del Prestige»

Los profesionales de la plaza de abastos temen tener que dejar de venir ante la bajada de la clientela


pontevedra / la voz

Este martes era el primer día de mercado desde que el Gobierno decretó el estado de alarma. Las pescantinas volvían a su puestos después de haber pasado por la lonja de madrugada. Algunas más previsoras trajeron menos mercancía, otras confiaban en que las ventas no sufriesen mucho descalabro, pero la realidad es que «la situación del mercado trae al recuerdo la dureza del Prestige», dice Margarita Barreiro, una de las vendedoras veteranas del Mercado de Pontevedra. Ella y su marido, José García, compraron en la lonja cerca de 600 euros en marisco y pescado y a las 12 de la mañana todavía no habían vendido ni 70 euros. La cigala estaba a 25 euros el kilo, pero el centollo se disparaba a los 30. «Los precios de muchos mariscos y pescados están alcanzando los de la Navidad», explica Barreiro.

En el mercado todos tienen un semblante preocupado. No solo los puestos están a medio gas, solo con subir las escaleras de acceso uno se da cuenta de que la cuarentena es tan real en la plaza como en el resto de supermercados y tiendas de alimentación de la ciudad. Pero ellas van más allá y temen que en unos días dejen de llevar pescado a la plaza. Eva Fernández, que compró cerca de 500 euros en la lonja de Marín ha vendido la mitad. Tampoco había mucho pescado para traer, pero no por el estado de alarma que trajo consigo la pandemia del coronavirus, sino por el mal tiempo de estos días para la flota de bajura.

Javier Serantes y Begoña Carro trabajan con mascarillas y llevan desde primera hora con poco pescado. «Estamos bien, aquí no nos dijeron nada, pero en la lonja había que estar con ellas y las mantenemos», explican. Este martes solo tienen un puesto, normalmente cubren más mostradores de la plaza, pero en esta situación le llega con lo que hay. Tiene chocos, rapante, acedías y algún rodaballo, entre otras especies de la flota de altura, pero reconocen que con lo que tiene a la venta, «se fose un día normal me hubiese ido sobre las doce de la mañana», comenta Begoña. Este martes es media mañana y todavía hay mucho por vender de los 400 euros que compró. «Esto es mucho peor que el Prestige, en esa ocasión al menos el pescado podía venir de otros países, nosotros íbamos a la lonja a Portugal», se lamenta esta pareja de Cambados, que también lanza un grito de esperanza para que se oiga más allá de la plaza de abastos: «Venimos por solidaridad, para que se vea que hay comida, que pueden comprar». Sin embargo, uno de los vendedores de la plaza, José García, que está en contacto con su asesoría por si la situación empeora, asegura que «si esta semana no funciona, tendremos que dejar de venir, igual tenemos que darnos de baja como autónomos». A las palabras de este pescadero asiente Eva Fernández, que dice que lo peor es la incertidumbre con la que trabajan.

Y es que los clientes entran a cuentagotas en el Mercado de Pontevedra, con mayor o menor temor por la situación que se está viviendo en el país. Florentino López se lleva hoy rapantes y acedías. Tiene 67 años y hoy le tocó a él ir a la compra. Reconoce que echa de menos su paseo por el río, pero asume una situación que nunca pensó que llegaría a vivir. «Hago mi tabla de ejercicios, veo la televisión, crucigramas, sudokus y leo, no tengo tiempo para hacer tantas cosas», bromea este jubilado pontevedrés, que mientras pueda, seguirá viniendo a comprar al mercado con la misma sonrisa con la que llegó este martes.

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