«A fin de semana pechados pola corentena e hoxe é un luns normal»

Cuatro obreros trabajaban esta mañana en la rehabilitación de un edificio en la calle San Román de Pontevedra después de 48 horas en casa


A media mañana en el centro de la ciudad el estado de alerta dejaba una imagen atípica de un lunes de marzo. Gente camino de la compra y los negocios que tienen permitido abrir sus puertas atendiendo de uno en uno a los clientes más respetuosos con las normas. Otros, sin embargo, optaban por desafiar el estado de alarma y salir a ver el ambiente de una ciudad en cuarentena. En medio de esta estampa, muchos tenían que fichar en sus puestos de trabajo. Algunos como Juan Carlos Gil, Faustino Salgueiro, José Corredoira y José Carlos Ruibal empezaron a las ocho de la mañana los trabajos de rehabilitación de una vivienda unifamiliar en la calle San Román.

Con dudas, pero agarrándose al humor y la resignación levantarían el armazón de este solar. «A fin de semana estivemos de corentena na casa e hoxe é un luns normal», reconoce Juan Carlos GIl, que desde el viernes estuvo en su casa junto a su familia. Reconoce que no se le pasada el tiempo, pero tampoco comprende como las restricciones del estado de alarma no les manda quedar en casa. JUnto a él, uno de sus compañeros más veterano no es partidario de esa medida. «Se isto segue así, imos marchar todos para casa», comenta José Carlos Ruibal, que prefiere seguir a pie de obra porque con un ERTE en casa la situación es bien distinta.

Ellos no pueden guardar la distancia de seguridad, tienen que trabajar casi mano a mano, aunque disponen de mascarillas para intentar frenar la propagación del coronavirus. Ahí la polémica está servida. Entre ellos, hay quienes creen que «non é máis cunha gripe», mientras otros prefieren extremar las precauciones para poder salir de esta situación arrimando el hombro. «Eu en casa estou como Dios, vivo nunha aldea e podo ir á finca, pero é ben certo que levalo nun piso pequeno complica a situación», reconoce Ruibal. Lo único que cambia su jornada respecto a otros días es que no podrán hacer la parada para el café ni optar por el menú del día para continuar la jornada. Este lunes será solo diferente del pasado en su jornada continuada. Por la mañana estarán en al obra y por la tarde, en cuarentena. «Onte xa me dolía a espalda de estar tanto tempo tumbado, tiven que tomar un ibuprofeno», comenta Faustino Salgueiro, que le pone humor a la cuarentena: «Xa o di miña muller, nin tocarse, vanse vender agora moitos Satisfyer, vanse comprar máis que nunca», bromea antes de enfundarse el casco y continuar con su trabajo. Ellos tienen el suministro asegurado para continuar. Su material no escasea ni en la obra, ni en el almacén. Si no son las medidas aún más restrictivas del Gobierno, ellos seguirán a pie de obra.

Saben que no son los únicos que hoy tienen que trabajar. Un poco más arriba en la misma calle San Román, también comienza unos trabajos de reparación en una vivienda, mientras en el tejado de un edificio de la plaza de la Verdura, hay otro grupo de trabajadores cumpliendo su jornada. No es la estampa más habitual, otros andamios de la ciudad están hoy vacíos.

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