Begoña y Marcos, la odisea de una pareja de dezanos de luna de miel en Nueva York


pontevedra / la voz

Marcos y Begoña son una pareja de recién casados afincada en Pontevedra, aunque ella en realidad siempre será de Rodeiro y él de Lalín, que para algo son los sitios donde, respectivamente, nacieron y a los que siempre regresan para ser felices. Ellos, que pasaron un 2019 un tanto difícil, demostraron a todos que al mal tiempo hay que ponerle buena cara y se casaron el día 29 de febrero, hace menos de un mes, en el monasterio de Aciveiro, en Forcarei. Caían chuzos de punta y el frío de la iglesia solo era comparable al de una nevera industrial. Sin embargo, su amor, su sensibilidad y su condición de artistas hizo que tuviesen la ceremonia más cálida del mundo.

Todo fue bonito aquel día. Precioso, podría decirse. Al igual que lo fue el inicio de su luna de miel. Se marcharon a Nueva York el día 4, cuando la crisis del coronavirus en España solamente era un chiste que corría de meme en meme. Pero allí les ha pillado el empeoramiento de la situación, y hoy todavía están en medio de la odisea para regresar a casa. ¿Cómo lo viven? Begoña, periodista por licenciatura y sobre todo por condición, lo cuenta a través de audios del WhatsApp con su entusiasmo y responsabilidad habitual. Y, antes de hablar de ella misma y de Marcos, piensa en la familia y amigos que no dejan de mandarles mensaje preguntando qué fue de su viaje. A todos ellos, les insiste: «Estade tranquilos que nós por agora estamos ben», decía.

Sin ningún control especial

Hasta el jueves, Begoña y Marcos disfrutaron de Nueva York como si hubiesen ido en cualquier otro momento. «Fíxate se todo estaba normalizado que ao chegar ao aeroporto, na aduana, non nos fixeron ningún control especial, o típico de poñer a pegada e a foto e nada máis. Agora, na páxina de Iberia xa informan de que si farán ao saír», decían.

Las únicas noticias que les llegaban del coronavirus venían de España. Allí, no notaban «absolutamente nada anormal». De hecho, no se topaban con personas con mascarillas ni nada similar. Cuando por WhatsApp la familia y los amigos les iban diciendo que aquí las cosas empeoraban, ellos indicaban que allí no parecía haber preocupación alguna. No notaron nada anormal hasta el jueves, tal y como explica Begoña: «Sobre a unha da tarde compramos entradas para un espectáculo de Broadway con total normalidade. Media hora despois decidiron suspender os espectáculos e nós enterámonos por unha persoa de España que nos mandou a noticia. Fumos á billeteira e devolvéronnos as entradas», indica.

A partir de ahí, sí que empezaron a detectar el cierre de museos y demás. Ellos ya habían llamado anteriormente a la agencia para ver qué ocurría con sus vuelos y si podrían volver a casa con normalidad, si era bueno adelantar el viaje... Les insistían en que tuvieran tranquilidad y que «non habería problemas». Eso sí, les indicaron que iban a intentar desviar el vuelo y que no tuviesen que pisar Madrid. Pero, finalmente, el viernes les dijeron que no quedaba más remedio que ir al aeropuerto madrileño. Y que, en vez de volar el domingo, les adelantaban el viaje a ayer, sábado: «Xa non nos preguntaron nada nin nos deron ningunha opción, por nós marchabamos canto antes. Nova York é precioso pero agora mesmo a prioridade é estar na casa, somos conscientes da responsabilidade», señalaba Begoña.

Precisamente, en aras de esa responsabilidad, ambos indicaban que cuando pisen España no entrarán en contacto con la familia. Irán directamente a su casa de Pontevedra y, a partir de ahí, avisarán a sus respectivos trabajos de que acaban de volver de ese viaje. Hoy a primera hora, en teoría, deberían llegar a España.

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