El artista que anuló el feísmo de la residencia de mayores de Campolongo

Sebastián Camacho: «Amo la pintura mural, pero para comer y pagar el alquiler necesito el rodillo»


pontevedra / la voz

Por esas casualidades que la vida tiene a veces Sebastián Camacho (Madrid, 1981) se acercó hace unos meses a la residencia de mayores de Campolongo. Los grafitis grises que afeaban las paredes llamaron su atención y se le ocurrió que podía darles un aspecto más desenfadado y dinámico al exterior de la residencia, a la altura de la vitalidad de los residentes.

Y se lo propuso a la directora. Maite Caneda examinó su currículo -licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid en el 2007, aunque concluyó sus estudios en Pontevedra, y Máster en Creación e Investigación en Arte Contemporáneo-, y después vio con detalle su proyecto. El resultado puede disfrutarse en las paredes exteriores del auditorio de la residencia, firmado por su autor sebastian.camacho@gmx.es.

«Él quería pintarlo todo, pero como la Xunta empezará en breve la reforma del edificio, le pedí que se centrase en el teatro y en la sede de Amencer. Y le dejé total libertad para trabajar», explica Maite Caneda.

Pero Sebastián Camacho, introvertido y observador, captó el mensaje de la directora del centro. «A mí me apasiona el fondo marino, pero entendí que aquella pared necesitaba reflejar otro tipo de emociones, con referencias a la danza y a la música, y me adapté. Estoy satisfecho de cómo quedó».

Pero para agradecer la colaboración de todos los trabajadores de la residencia, por permitirle utilizar su arte para transformar un espacio urbano, les dejó un regalo en la parte trasera del edificio. «Quise rendir un pequeño tributo a Castelao, y lo acompañé de una figura femenina». Sebastián Camacho adaptó las ventanas redondas exteriores a las gafas del ilustre galeguista, y desde fuera se aprecia cómo se le iluminan los ojos cada vez que se enciende la luz en el interior de la residencia de ancianos.

Todo un lujo

«Ha sido un lujo y una suerte contar con Sebastián. Las paredes pasaron de tener un aspecto sucio y abandonado a llamar la atención», explica Maite Caneda.

La fachada de Amencer-Aspace y la del auditorio de la residencia, con 200 butacas y abierto a los colectivos culturales y sociales de la ciudad, no son las únicas que abrazan la creatividad de Sebastián en Pontevedra. No en vano es uno de los monitores encargados de los talleres de grafiti que hasta este año se incluyeron en el programa municipal Noites Abertas y que utilizó varios muros como lienzos provisionales. Negocios particulares apuestan también por la creatividad artística para embellecer las fachadas.

Pero, ¿se puede vivir del arte? Sebastián Camacho lo tiene claro. Solo el 10 % de los estudiantes de Bellas Artes logran que su desarrollo profesional esté vinculado a su formación. Su caso no es diferente. «Amo la pintura mural, pero para comer y pagar el alquiler necesito coger el rodillo y hacer otro tipo de pintura».

Y eso a pesar de que cuenta con un currículo envidiable que recoge su participación en la restauración de la cúpula del Teatro de la Comedia en Madrid, del que le salió una nueva oportunidad laboral: pinturas mural en la residencia en La Moraleja de los embajadores de Catar.

«Pontevedra tendría que ponerse las pilas y apostar por el arte para embellecer medianeras»

Sebastián Camacho es un enamorado de la pintura. La entiende como una herramienta de expresión social, como una «punta de lanza ante las injusticias». Introduce en sus creaciones algún elemento crítico, lo que no resta importancia al elemento estético en la composición.

Le gusta el proyecto que desarrolla la ciudad de Vigo en las medianeras de los edificios urbanos, convirtiendo sus paredes laterales en lienzos gigantes para artistas emergentes. «Pontevedra tendrá que ponerse las pilas en algún momento y apostar por el arte para embellecer medianeras. Encaja dentro del modelo urbano actual».

Santiago Camacho decidió hace ya 15 años quedarse en Pontevedra. Su pasión por el océano le ancló a esta ría. Antes vivió cuatro años en Alemania, uno en Australia, pasó por Tailandia y por una larga lista de países. «Pero aquí me quedo. Me gusta salir de mi casa, coger mi kayak e irme remando hasta Tambo. Viajar me enriqueció muchísimo pero me pasaré la vida aquí, pintando el mar». Y combinando su vida profesional, en la que la decoración interior de apartamentos turísticos y habitaciones de hoteles abre un nuevo mercado, con su deseo de captar el respirar del mar. «Ese subir y bajar de las mareas es mi motor».

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