«Si matas a un peatón, aunque no seas el responsable, el runrún te queda ahí»

Daniel Castelo, sargento del subsector de Tráfico de Pontevedra, dice que los atropellos con consecuencias fatales, como el de la AP-9 en Pontevedra, «marcan mucho»


pontevedra / la voz

Daniel Castelo es sargento del subsector de Tráfico de Pontevedra. Pero bien podía ser profesor. Porque habla de la educación vial con tanto entusiasmo y tanta pedagogía que convierte las enseñanzas sobre cómo actuar en un accidente o cómo evitar peligros al volante en algo tremendamente interesante. La excusa para hablar con él es el atropello mortal a un peatón en la autopista AP-9 en Pontevedra. No fue un suceso más. Fue un arrollamiento brutal al tratarse de un vía en la que se puede circular a 120 kilómetros por hora y en la que está prohibido el tránsito peatonal. Castelo reflexiona sobre los atropellos, sobre sus consecuencias. Y, con su entusiasmo, pone blanco sobre negro animando a prevenir accidentes y dando consejos para evitar percances.

-No es fácil pasar página tras un atropello con consecuencias fatales, ¿se acostumbra uno a ser testigo de esos accidentes?

-No. Aunque lleves años trabajando, aunque hayas visto muchos accidentes, siempre te afecta. Llegas a casa y lo piensas muchas veces. Porque ves muchas familias rotas por accidentes y porque te pones en su lugar. Lo único bueno, si hay algo bueno, es que esas tragedias te animan a hacer mejor tu trabajo, a creer más en la educación vial y en la vigilancia para tratar de evitar accidentes. Porque hay muchos siniestros que son evitables.

-En un atropello mortal, lógicamente, el peor parado es el peatón pero, ¿cómo queda el conductor, se puede borrar pronto de la cabeza un suceso así?

-Marcan mucho. Más allá de la responsabilidad legal que puedas tener, está lo que pasa por tu cabeza. Tu mente suele entrar en ese mundo del y si... y si yo hiciese esto, y si yo hiciese lo otro, y si, y si... Si matas a un peatón, aunque no seas el responsable, el runrún te queda ahí.

-El último atropello en la AP-9 en Pontevedra todavía está en fase de investigación. Pero otros arrollamientos en esta vía se debieron a simples imprudencias o mala suerte; a bajarse del coche tras un accidente, a salir a reparar una rueda... ¿Qué protocolo hay que seguir en una vía así?

-Es importante protegernos y también evitar que otras personas puedan sufrir un siniestro. Si se puede, es mejor dejar el coche en un área de descanso o en la zona del peaje. Si ocurrió algo que obligue a dejarlo en la propia vía, lo mejor es que quede en el arcén o incluso fuera de él, en esa plataforma que hay en algunos tramos entre el arcén y el quitamiedos. Hay que dejar el vehículo con las luces de posición y las de emergencia y, para salir del coche, debemos poner antes el chaleco reflectante y bajarnos por el lado del acompañante. Tras atravesar la valle quitamiedos, se camina por ahí, protegidos y, sin salir de ahí, se mete la mano hacia la vía para colocar el triángulo. Como solo vienen coches por un sentido, se colocan los dos triángulos en el sentido en el que venga el tráfico. A partir de ahí, se da la alerta a los servicios de emergencias.

-¿Generan muchos problemas las personas que, ante un siniestro, paran por curiosidad cuando el percance ya está atendido?

-Sí, los generan. Prestar socorro, obviamente, es un deber. Pero una vez que vemos que un accidente está atendido o que ya hay muchas personas allí lo que debemos es continuar la marcha. Caer en el efecto mirón puede tener consecuencias graves. No siempre pasa, pero a veces también vemos que se detienen para hacer fotos o vídeos.

-El móvil y el volante... ¿sigue siendo difícil luchar contra esa mezcla tan mortífera?

-Es complicado, pero la concienciación va a más. Nunca está de más recordar cosas como que, aunque se lleve el manos libres, se pierde la concentración al volante si la conversación se prolonga en el tiempo.

-¿Cuál es la receta para que esa concienciación vaya a más?

-Educación vial. Hay que pedir a los niños que nos ayuden porque lo hacen muy bien. Una cosa es que una norma o un agente de Tráfico te diga que no uses el móvil al volante y otra que tu hijo te afee esa conducta. Te corta.

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