2003: Conductor a los 12 años de un autobús robado

El chaval, acompañado de un mayor, pretendía ir a Santiago. Pero se quedó atascado en Pontevedra


pontevedra / la voz

Pontevedra es una ciudad amiga de los niños. Lo dice el mismísimo Francesco Tonucci, psicólogo, pensador y voz más que autorizada sobre el papel de los críos en el ecosistema urbano. En Pontevedra, los niños juegan en las plazas, caminan solos hasta el colegio o se sueltan de la mano sin que cunda el pánico porque no hay gran peligro de que los atropelle un coche -recuerden, la ciudad es de preferencia peatonal-. Pero, con todo y con eso, hay cosas que los niños no hacen habitualmente en Pontevedra. Y una de ellas es ponerse a los mandos de un autobús. Si eso ocurre, salta la noticia, como ocurrió hace 16 años. En la madrugada del 1 de diciembre del año 2002, un rapaz de 12 años saltó a la portada de La Voz de Galicia porque fue interceptado por la Guardia Civil de Tráfico después de que condujese un autocar por el centro de la ciudad del Lérez y acabase empotrándose con una jardinera en un intento por escabullirse de la persecución policial. Su peripecia, que dio para una larga crónica, es casi de película de acción.

El rapaz en cuestión llegó a Pontevedra fugado de un centro de menores de Vigo. Lo peor del asunto es que no venía solo, sino con un familiar mayor de edad. Ambos comenzaron la aventura en la estación de autobuses de Pontevedra, donde forzaron varios coches hasta que lograron hacerse con un autocar 178 de la extinta Transportes La Unión.

Ni corto ni perezoso, el muchacho menor de edad se puso al mando del volante, acompañado del familiar, y emprendió viaje por una arteria viaria de la peatonalizada Pontevedra. Llegó a avanzar unos dos kilómetros. Al parecer, el objetivo era ir a Santiago de Compostela. Pero el chaval tuvo que cambiar el rumbo cuando una patrulla de la Guardia Civil comenzó a perseguir el autobús.

Y ahí empezaron sus problemas. Giró hacia el centro de la ciudad, se metió por la zona de la Audiencia, fue hasta la plaza de Galicia y viró hacia Andrés Mellado. Cuando quiso colarse por la calle Peregrina, se dio de bruces con la flamante reforma urbana. El bus quedó varado en una jardinera. Y de ahí ya no pasó. El menor y el familiar decidieron entonces darse a la fuga a pie. Pero era demasiado tarde. Varias patrullas de agentes anonadados, que no daban crédito a que se hubiesen topado un bus sin luces a las cinco de la madrugada y conducido por un niño, ya tenían toda la zona controlada y ambos fueron detenidos enseguida.

Al rapaz lo mandaron entonces a un centro de menores de Ourense. Mientras que a su familiar le tocó someterse a un juicio que acabó siendo demasiado rápido. No en vano, el individuo en cuestión se sentó ante el juez solamente doce horas después del accidentado viaje en autocar. Y, como todo se había hecho demasiado a prisa, la Fiscalía solicitó que se aplazase la vista y que el hombre se sometiese a un juicio no rápido, sino por la vía ordinaria. Se le puso entonces en libertad, aunque con la obligación de comparecer cada quince días en el juzgado. Este hombre, de 30 años y con iniciales S.?J.?B., al igual que el niño conductor, pertenecían a una familia de Santiago con un amplísimo historial delictivo.

La crónica de aquella jornada además de reparar en la aventura del conductor precoz y su acompañante, abordaba también las consecuencias que tuvo la aventura del bus para el tráfico. Para empezar, hubo que cortar la zona en la que el autocar quedó encasillado hasta que, ya bien entrada la mañana, operarios de la empresa La Unión provistos de un gato de camión pudieron retirarlo.

Asimismo, hubo un coche que salió mal parado. No en vano, a la vez que se atascó en la jardinera, el bus conducido por el rapaz impactó también contra un Peugeot 206 que estaba aparcado en esta zona de la ciudad. Los dueños del turismo tardaron en enterarse de lo sucedido. Les llamó un amigo cuando vio su vehículo con desperfectos en la tele.

Un ingenio descomunal

Al día siguiente del suceso, una conductora de La Unión explicó a La Voz de Galicia todo el ingenio que tuvo que exhibir el menor para lograr conducir el autobús. Para empezar, se puso al mando de un volante de medio metro de diámetro. Desde su perspectiva, el crío apenas podía ver la carretera por encima del volante. El niño tuvo que ingeniárselas también para arrancar el vehículo, que si bien era un modelo (Setra) con más de una década de antigüedad, disponía ya de un sistema de bloqueo. Logró desactivarlo y también se las apañó luego con una palanca de cambios manual que sobrepasaba los setenta centímetros. Asimismo, tuvo que controlar el freno eléctrico. Solo falló en dar con el botón donde se encendían las luces. De hecho, el ver a un autocar sin los faros iluminados en plena madrugada fue lo que llamó la atención de la Guardia Civil, que comenzó a perseguir el vehículo por Pontevedra.

Han pasado 16 años desde aquella aventura al volante y la pregunta que queda en el aire es evidente: ¿Qué habrá pasado con aquel jovencísimo conductor?

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