El padre borracho que denunció que perdió a su hija y la había llevado a casa de la abuela

Participar en los servicios humanitarios de la policía local requiere, a veces, grandes dosis de paciencia


pontevedra / la voz

Participar en los servicios humanitarios de la policía local requiere, a veces, grandes dosis de paciencia. Porque el número de falsas alarmas y embrollos es grande. Sin ir más lejos en el tiempo, a mediados de diciembre, un padre bastante ebrio denunció que estaba en el mercado de Pontevedra y que desapareció su hija de dos años. Agentes de la Policía Nacional y Local empiezan a buscar a la niña. Es más, se activan todas las patrullas. Al final, se descubre que la cría estaba en el domicilio de su abuela, en el centro de Pontevedra. Y que, por raro que parezca, fue el padre, el mismo que dijo que la niña había desaparecido, el que la dejó allí.

Afortunadamente, un elevado casos de las alertas por desapariciones, al igual que esta, se solventan rápidamente. Aunque, a veces, desafortunadamente, no tengan un final completamente feliz. En el mes de octubre, por ejemplo, llamó una madre alertada dado que su hija había salido de A Coruña hacia Pontevedra sobre las 13.00 horas y, al atardecer, seguía sin dar señales de vida. La mujer temía que le hubiese podido pasar algo, porque la muchacha no cogía el teléfono. La Policía Local de Pontevedra no tardó en localizarla. Estaba perfectamente. Dijo que no respondía a su madre porque no quería hablar con ella.

«Policía, venga, no me puedo levantar»

maría hermida

Una mujer mayor pide auxilio al 112. Se cayó y, aunque está consciente, ni ella ni la vecina que oyó sus gritos logran ponerla en pie. Acuden los municipales. ¿Les suena el caso? Se vive a menudo en la ciudad

«Al policía local se le relaciona con el que te pone la multa, pero es mucho más que eso». El que habla así es un agente municipal que da a conocer uno de los servicios más entrañables e importantes que presta la Policía Local de Pontevedra. Les llama labores humanitarias. Y cuenta que a lo largo del año realizan unas 300. ¿De qué se trata? De localizar a personas a las que sus familiares echan en falta unas horas, de acudir cada vez que alguien se cae en la calle a cuenta de una baldosa levantada, de ir a ver qué le ocurre al indigente que está tirado en la vía pública o de mandar al hospital a un chaval en coma etílico. Pero, sobre todo, en los últimos años el servicio humanitario más habitual tiene que ver con los mayores. Todos los meses, agentes municipales son requeridos para ir a domicilios. Y la llamada de auxilio suele empezar siempre igual: «Policía, venga, no me puedo levantar». Acuden a las casas ante caídas. A veces les llaman ancianos que viven solos. Y otras sus familiares o vecinos, desesperados porque no logran levantarlos.

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