Telas de una aldea asolada por los nazis para bolsos pontevedreses

Tareixa Rodríguez compra telas en sus viajes para sus diseños, que vende en su local de la capital del Lérez


pontevedra / la voz

Una pequeña tienda de Pontevedra esconde bolsos con telas con mucha historia, una historia triste que llega desde Creta. Tareixa Rodríguez es quien diseña y teje estas piezas en la trastienda de su pequeño local en la calle San Román. Unos bolsos en la entrada de su local despiertan la curiosidad de quienes entran. Ella recuerda a la perfección de donde llegan esas telas, hiladas a golpe de rueca. «Había oído hablar de la localidad de Anogia, en Creta, y cuando fui allí de vacaciones me propuse encontrarla para poder comprar sus telas», explica Tareixa, que aprovecha sus viajes para adquirir material para sus diseños.

Recuerda a la perfección cómo fue ese viaje de más de tres horas por una montaña poblada de capillas que recordaban las muertes de buena parte de sus vecinos. Esta pequeña localidad cretense en la ladera del monte Psiloritis, a 37 kilómetros de Heraclión, fue asolada en la Segunda Guerra Mundial. Los nazis incendiaron el pueblo y masacraron a buena parte de los hombres que allí vivían por haber dado cobijo a las tropas aliadas. «Solo dejaron a las mujeres», recuerda Tareixa, que no se olvida de María, una mujer muy mayor a la que compró las telas, que ella misma hacía en un rueca de hilar, que había heredado de su madre. «Era una mujer muy entrañable, solo hablaba griego, pero se mostraba voluntariosa para todo, hasta nos llevó a su casa a comer», recuerda Tareixa, que explica que «casi no andaba y nos llevó a un local, donde guardaba fotos de su madre en el telar». Durante el día que pasaron junto a María la hizo sentir como en casa. «Hasta nos regaló uvas cuando nos veníamos», explica Rodríguez.

Los colores vivos y la calidad de los materiales enamoró a esta artesana pontevedresa, que aprovechó cada centímetro de tela para hacer media docena de bolsos. «Apenas pude traerme diez alfombras», comenta Rodríguez, que de ese material hizo piezas únicas y distintas con una de las etapas más tristes de la historia reciente. «Allí casi no llegan ni los turistas», se despide Tareixa, que algún día espera volver a Creta a por más telas de la señora María.

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