«No era capaz de tragar ni de hablar, me sentía incomprendida»

Sinda González relata en un acto sobre la disfagia su día a día tras pasar por cuatro cánceres en once años


pontevedra / la voz

A Sinda González le cuesta hablar y a quien escribe entender lo que dice. Pero más allá de las palabras que con esfuerzo salen de su boca, esta mujer de 63 años que reside en Portonovo (Sanxenxo) transmite mucho con sus expresivos ojos. La conversación transcurre en el salón de actos del Edificio Administrativo de la Xunta en Benito Corbal. Sinda es una de personas que van a participar en la mesa redonda Las dificultades de deglución tras un diagnóstico de cáncer de cabeza y cuello. Una actividad organización por la junta de Pontevedra de la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) con motivo del Día Mundial de la Disfagia, que se conmemora hoy.

La disfagia son esos problemas para tragar que padecen, entre otras, personas que han tenido ese tipo de tumores. Sinda sabe bien de esas dificultades y ayer fue la primera vez que lo contó en público ante un auditorio. Se confiesa algo nerviosa. Ánxela Alonso, logopeda de la AECC, es desde el mes de abril la terapeuta de Sinda. Ella sí la entiende bien y hace a veces de traductora.

Sinda es una superviviente. No hay duda de que lo es. Pero, ¿ella qué piensa? Sus ojos se humedecen y ríe. Y es que tras pasar por cuatro tumores en once años no ha perdido la sonrisa ni las ganas de vivir. Su historial médico recoge un cáncer de amígdalas en el 2008; otro de suelo de boca, en el 2012; un tumor de pulmón en el 2016; y otro de laringe en este 2019 que está a punto de acabar. El primero necesitó radio y quimio; el segundo, cirugía; el tercero, cirugía y quimio; y el de laringe, cirugía y radio.

El tratamiento del primer cáncer le provocó unas llagas en la boca que le hacían casi imposible comer. La solución fue una PEG, una gastrostomía endoscópica percutánea. Un tubo de alimentación a través de la pared abdominal hasta el estómago que le permitía comer sin pasar por la boca y el esófago.

Sinda no tiene inconveniente en subirse la ropa y mostrar su barriga ya sin esa sonda de alimentación. ¿Cómo come hoy? «Todo triturado, con cuchara. Igual más sano que vosotras. Al principio no era capaz de tragar», cuenta. Ánxela explica que estos pacientes suelen tener dificultades para mover la lengua y para enviar el alimento, además de alteraciones a nivel dental. Sinda muestra lo que puede abrir la boca y relata que algunos familiares le llaman vaga, «cuando no es así, no puedo abrirla más». Disfruta con los yogures, aunque confiesa que cuando sus hijos eran pequeños no le gustaban, y al ir deshaciendo un bombón de chocolate.

¿Cómo se afronta la vida tras un historial médico como el suyo? Ella no duda en responder. «Tengo otros problemas más importantes que eso». Desde que va a rehabilitación dos veces por semana con la logopeda se esfuerza por hablar más. Antes no se complicaba la vida. No la entendían y su alternativa era escribir lo que quería en un papel. Ánxela subraya que esta secuela afecta mucho a la calidad de vida de los pacientes. «Los médicos se centran en la supervivencia, cuando debería haber una coordinación desde el principio entre nutricionista, otorrino y logopeda».

Sinda comenta que lleva una existencia tranquila en su casa de Portonovo, lejos de la ajetreada vida social que tenía cuando residía en Vigo y trabajaba en un bingo. Aunque le queda mucho trabajo por delante y una intervención en el 2020 para ponerle una prótesis en la laringe, está contenta con sus pequeños progresos. «Antes no emitía ningún ruido», subraya. Ahora sí lo hace con esa voz que suena como un eructo. Se ha hecho más hogareña y le gusta ver la tele y dormir. Su segundo marido, que la acompaña al acto en Pontevedra, dice que cada vez la entiende mejor cuando habla, aunque no siempre. «Al principio me sentía muy incomprendida. Una cuñada me ayudó mucho», recuerda Sinda.

El suyo no fue el único testimonio que se escuchó ayer. También hablaron de cómo afrontar la disfagia Manuel Pombo, Miguel Sanmartín y Felipe Otero.

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«No era capaz de tragar ni de hablar, me sentía incomprendida»