Consensuar tiene premio, aunque sea tardío

Los acuerdos entre Xunta de Galicia y el Concello de Pontevedra para sacar adelante el Gran Montecelo y las líneas de transporte cierran largos conflictos


Cuando se impone el espíritu de negociar que propicia espacios para el consenso y desemboca en la consecución de acuerdos que fulminan diferencias, se comprueba que, generalmente, se ha perdido un tiempo precioso en luchas bizantinas que consumen energías de modo inútil. Las relaciones entre la Xunta de Galicia y el Concello de Pontevedra han pasado por esos sucesivos estadios. Desde la más pura confrontación se ha ido derivando a la interlocución y finalmente al establecimiento de acuerdos muy productivos. Incluso sorprendentes.

La historia reciente de las relaciones entre Xunta y Concello, y particularmente, entre Alberto Núñez Feijoo y Miguel Anxo Fernández Lores, constata que ambos mantienen «muy buen rollo», que ha contribuido a desinflamar de una sucesión de conflictos agotadores.

Así ha pasado con la solución a la demanda de un hospital moderno y dotado para Pontevedra; o con el establecimiento de líneas de transporte circular en bus que resuelvan un cabo suelto de la movilidad. Como antes sucedió con la intermodal, los nuevos juzgados o la recuperación del antiguo edificio de la Xunta en Benito Corbal. La conciliación de intereses genera sinergias positivas que estarán interrelacionadas.

De ésta, va

Los progresivos pasos que experimenta el proyecto del Gran Montecelo alientan la esperanza de los 300.000 usuarios de la Seguridad Social en el área sanitaria Pontevedra-Salnés de que por fin contaremos con un hospital de referencia, moderno y equipado que nos equipare a Vigo o Santiago. Aunque sea con dos décadas de retraso.

Una mirada retrospectiva nos recuerda que se han perdido esos 20 años en un carrusel de proyectos y títulos que se han sucedido con gobiernos de Fraga, Touriño y Feijoo. Lo que primeramente se denominó IV Fase de Montecelo; que después se mudó por el Nuevo Hospital en Monte Carrasco y que finalmente, se reenfocó como Gran Montecelo.

El de ahora, el último y el definitivo, a la vista del consenso adquirido en torno suyo, fue presentado por el actual presidente de la Xunta en julio del 2017. En algo más de dos años, se han sucedido una serie de trámites para la definición del proyecto. Desde acopiar las necesidades demandadas por los facultativos hasta la adquisición de los terrenos acólitos a la actual residencia, donde se construirá el nuevo edificio hospitalario.

La tramitación administrativa no sabe de prisas. Su velocidad de crucero es pasmosamente lenta. Cuando se trata de un macro proyecto como este, con 140 millones de euros de inversión, la esclerosis es mayor. No obstante, si como reiteró Feijoo esta semana, este desiderátum se hace realidad en un par de años, más y mejor. Al fin y al cabo, después de haber esperado cuatro lustros y sufrido los vaivenes de tantos proyectos desechados, aguardar 24 meses más parece casi un premio. La ejecución se ha desatascado también por que la actitud del Concello de Pontevedra es plenamente colaboradora una vez desestimada la idea de aquel Nuevo Hospital en Monte Carrasco y que el Sergas volvió «ao rego», reconsiderando la primera opción y la más lógica.

Caer de la burra

Del mismo modo que la Xunta tuvo que caerse de la burra con la solución hospitalaria, al gobierno municipal de Fernández Lores le ha llevado otro montón de años admitir que sí son necesarias más líneas de transporte en autobús y que debía consensuar con la administración autonómica su implantación. Siempre me pareció increíble esa terca negativa a meter un transporte circular en una ciudad que ha hecho el notabilísimo esfuerzo de apaciguar el tráfico y sacar los coches del centro. Era un disparatado contrasentido. Finalmente, el acuerdo llegó esta semana.

Por lo que conocemos se consensuaron dos líneas que recorrerán la ciudad de manera ininterrumpida, desde las siete de la mañana, cada media hora. Las bautizaron con colores. Azul y verde. Si se han fijado en los probables recorridos anunciados asumen las líneas actualmente existentes a Montecelo y Monte Porreiro para reforzarlas y al tiempo desarrollar itinerarios circulares que atiendan zonas de mayor demanda ya por servicios como los edificios judiciales de A Parda y la Estación de Autobuses o por mayor presión urbanística como todo el eje Pontevedra Este / A Xunqueira.

El concepto es atractivo. Y aún puede mejorarse si los autobuses interurbanos, como las líneas a Marín, Sanxenxo y O Grove, también sirven para transporte urbano cuando crucen por Pontevedra (entre la estación de autobuses y el puente de A Barca). Parecido a lo que se hace con el transporte escolar en el rural.

Ceder es ganar

Para llegar a este acuerdo tan esperado como costoso, la Xunta ha tenido que asumir la competencia de gestionar las líneas de autobús que el Concello no quiso afrontar -pese a tratarse de un ayuntamiento de más de 50.000 habitantes-. La negativa municipal es por razón económica. Según los números que hizo el gobierno de Lores, le sale más a cuenta cubrir el déficit financiero que dejen esas dos líneas circulares que asumir todo el servicio. Será la Xunta quien tenga la responsabilidad de gestionarlas, si bien las adjudicará en uno de los nuevos contratos de transporte, pendiente de resolución.

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