«Me daba pudor enseñar mis poemas y ahora me abruma el éxito del libro»

Ana Barcala PONTEVEDRA / LA VOZ

PONTEVEDRA CIUDAD

CAPOTILLO

La primera obra del artista pontevedrés, «Poemas, cuentos y aforismos», logra una gran acogida entre los lectores

16 nov 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

«Poesías, cuentos y aforismos» es el primer trabajo literario del afamado artista Manuel Ruibal, que hoy cumple 77 años. La acogida de este trabajo, que apenas lleva 15 días en el mercado, ha sorprendido a su autor. «No es vanidad, es alegría; realmente no esperaba que mi forma de escribir agradase, sobre todo porque tampoco hay tanto volumen de lectores de poesía».

-Después de 40 años escribiendo ¿qué le decidió ahora a publicar?

-La confianza de Miguel Cuña, presidente de la Fundación Cuña Casasbellas. Somos amigos desde los años 70 pero desconocía mi gusto por la escritura. Hace dos años le enseñé algunos de mis escritos y creyó en mí. Me animó a publicar y él se encargó de todo. Yo le dí todo el material y él hizo la selección.

-¿Tenía dudas sobre la calidad de su trabajo?

-Sí, me daba pudor enseñar mis poemas. No estaba seguro. De ahí mi sorpresa ahora al recibir de forma constante peticiones de ejemplares desde diferentes puntos del país y de prestigiosas librerías gallegas. Estoy abrumado y muy agradecido.

-¿Será fácil para el lector diferenciar entre los poemas más antiguos y los actuales?

-En cuanto a la temática no. Vivencias de mi infancia, del mundo rural y de los animales son temas recurrentes a lo largo de toda mi trayectoria, tanto en la pintura como en la escritura. Pero sí es cierto que se aprecia una evolución lingüística.

-¿Soñó alguna vez que sería escritor?

-Jamás. Tenía muy claro que sería pintor y no paré hasta conseguirlo pero escribir no entraba en mis planes. Sin embargo fui muy afortunado porque siendo de una aldea (Porráns) haber ido a la escuela hasta los 15 años fue todo un privilegio que me permitió no solo pintar sino también escribir.

-¿Algún profesor detectó su talento?

-Yo pintaba y dibujaba muy bien ya de niño. Pero eso no se aprecia en una aldea. Me preguntaban para qué servía eso. Y es cierto que fue un profesor quien me regaló mis primeros pinceles y acuarelas.

-¿Tuvo respaldo familiar en su vocación artística?

-Nunca tuve impedimentos. Mi madre se empeñó en que yo no tuviese carencias culturales. Con 17 años me fui a Madrid en busca de fortuna pero nada, no vendía ni un cuadro. Dormía en la calle y pasaba penurías. De ahí me fui a París y tampoco hubo suerte, pero no desistí. Hasta los 25 años tuve que conjugar la pintura con trabajos de otro tipo. Reconozco que a veces, cuando el dinero era justo, optaba por renunciar a lo básico para tener mis pinturas.

-¿La clave del éxito está en la perseverancia?

-Sin ninguna duda. Para triunfar hay que esforzarse y diferenciarse. El público tiene que ver algo diferente en la obra para decidirse a pagar por ella. Yo animo a los jóvenes artistas a no renunciar nunca a su vocación y a su trabajo pero teniendo claro que entre los inicios y el éxito hay un calvario. Hay que echarle agallas y aguantar.