«Somos un club de barrio en la élite»

Fundó el equipo para sacar a los chavales de las calle y el año pasado ascendieron a Súper División


pontevedra / la voz

No ocupa las grandes portadas ni los grandes titulares, pero su historia merece ser contada como ejemplo de tesón. A punto de cumplir 70 años, Lucho Álvarez echa la vista atrás y le da algo de vértigo ver todo lo que consiguió y cómo lo hizo. Puede decirse que el sacrificio y la bondad fraguaron su éxito. Le emociona ver como de la nada logró poner el club de Monte Porreiro Visit Pontevedra en la Súper División, la élite nacional del tenis de mesa. Se remonta treinta años atrás, a finales de la década de los ochenta, para empezar por el principio. Todo comenzó cuando en 1987 a Lucho Álvarez y a su familia le concedieron en Monte Porreiro un piso del Instituto de Vivienda. «Se estaba construyendo el barrio y allí cada uno era hijo de su padre y de su madre, así que unas cuantas personas hablamos para montar una asociación», explica Álvarez.

En esa época, Monte Porreiro tenía mucha juventud que necesitaba una actividad que los sacará de las calles, que les diese una alternativa de ocio cuando acaban las clases. Lucho, que tenía hijos en esas edades, se puso en marcha. Hablaron con la Xunta y los remitieron al Plan Galicia sobre drogas. «Nos subvencionaban actividades para niños, había entretenimiento, juegos y comenzamos con el ajedrez», recuerda Álvarez Vilariño, que durante muchos años, cuando estaba en la universidad laboral en A Coruña, había practicado tenis de mesa. Así que un día charlando con sus vecinos y compañeros de la asociación surgió la idea. «‘Si conseguimos un par de mesas, yo me comprometo a enseñarles’, les dije a los que estaban allí y tal cual», cuenta. Al día siguiente bajó al Concello de Pontevedra para ver si contaba con ellos para poder instalar un par de mesas en el local de la asociación. Dicho y hecho. Unos días después estaban instaladas y comenzaron a trabajar. «Comenzamos con pocos niños, además en este deporte hacen falta tres o cuatro años para que la persona se desarrolle», recuerda Lucho Álvarez, que también tenía una mesa para poder jugar en el colegio Marcos da Portela, donde era conserje. «Lie a dos de mis hijos y a Óscar Guimeráns, que luego jugó en el Pontevedra, y nos dimos de alta en al federación», comenta.

Empezaron en la liga gallega. Lucho se ríe al recordarlo: «Nos creíamos los mejores y el primer año solo llevábamos palizas». Pero pronto se acabó ser el patito feo de la disciplina. «El segundo año incorporamos a un chaval de Ferrol que estaba estudiando en la universidad y comenzamos a ganar», rememora Álvarez. A partir de ahí la proyección fue imparable. Ascensos y más ascensos. A Segunda gallega, Primera gallega y en el 2005 dieron el salto a Nacional. «La gente se empezó a interesar más y venía a inscribirse, ya teníamos cuatro o cinco equipos».

El Monte Porreiro viajaba por España y Lucho Álvarez reconoce que estaba algo cansado de tanto desplazamiento. Así que siguió dándole vueltas a la cabeza y al igual que años antes, tuvo una idea. ¿Y si organizaban en Pontevedra el Campeonato de España? Lo primero que le llamaron sus compañeros fue loco. «Me decían que para que me iba a meter en eso, que estaba loco, pero yo lo hablé con el secretario del club y me dijo que adelante».

En el 2005 organizaron el primero en Príncipe Felipe con la ayuda de las administraciones y pidiendo ayuda a los bancos. «Fue fabuloso y en el 2009 lo repetimos en el Pazo da Cultura, me acuerdo que ser en Semana Santa y habíamos traído más de 500 personas a Pontevedra, los que me llamaban loco, me dieron la razón», bromea.

Imparables

El Monte Porreiro ya era imparable. En el 2008 ascendieron a Primera Nacional. Un sueño. «Ese día hasta me ducharon, ganamos en A Lomba, es imposible de olvidar», explica Álvarez, que lamenta que este año en la Súper División ya no estén ni el equipo de Cambados ni el de Vilagarcía. «Me da pena porque son equipos gallegos que estábamos ahí, pero además eran los desplazamientos que nos ahorrábamos», dice con humor.

Con los chicos en la Súper División y ellas en División de Honor se cumple el sueño de Lucho. Nunca hubiese imaginado que lo que empezó para sacar a chavales de las calles de Monte Porreiro acabaría en lo más alto del tenis de mesa. «Somos un club de barrio en la élite, entre los mejores», resume el alma máter del club. Después de varias décadas al pie del cañón quiere dar un paso atrás, pero «no me dejan». «Ahora ya no me encargo de la parte deportiva, solo de la administrativa», bromea Lucho, que tienen en manos de su hijo Nando Álvarez el futuro de un sueño que se acabó convirtiendo en realidad.

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