Diario del tito Gon


Septiembre. Viernes, 27. Amaneció lluvioso y oscuro. La lluvia paró al mediodía y la tarde se reveló fabulosa. El estupendo paseo hasta Coroño se detuvo en uno de los pasales del río. Era vivaz la corriente y alegre la melodía del agua. Allí recordaste lo que decía Hölderlin sobre las cuatro estaciones: «Invierno, primavera, verano y otoño. Son nombres sagrados, pero nosotros no los conocemos». Evoco y revivo cuando declina ya la tarde. Meditas sobre la humilde sucesión de los días, sobre el vano volar de las horas, mientras regresas a casa.

Septiembre. Sábado, 28. Maravilloso y luminoso despertó el día. La temperatura es magnífica, sobre todo a media mañana. Cuando caía la tarde, un corto paseo te llevó por los alrededores del pueblo. Afuera todo parece hermoso: el aire suave, el canto y el vuelo de los pájaros, la música del agua, el rumor de los árboles, el susurro de los maizales. Y al mismo tiempo te acuerdas de: «El ritmo, las repeticiones de una canción constituyen un lugar en el que refugiarse de la pesadez y el aburrimiento del tiempo lineal...».

Septiembre. Lunes, 30. Después de un domingo terrible, el mes se despide con algo de lluvia y con una mañana cubierta de niebla. El cielo se abrió por la tarde. Entonces subiste a la montaña. Arriba, cantaban los regatos agradecidos por la lluvia de la jornada anterior. Caminando entre el ganado, que pastaba calmosamente en la blanca tarde, encontraste charcas en las sendas de barro. En la hondonada de Sabuceda, un rebaño de ovejas y cabras pacía serenamente, parecía como un brochazo blanco sobre el lienzo verde de los prados. Lembras que una vez un amigo en Pontevedra te dijo que para comprender una obra maestra (pintura) primero hay que inclinarse ante ella y luego esperar, reteniendo el aliento, a que ella nos hable. Sin duda es una excelente explicación.

Octubre. Martes, 1. Con sol y más calor de lo habitual para esta época del año arrancó el nuevo mes. Tras recibir malas noticias sobre el estado de salud de un compañero de la piscina, la mañana transcurrió entre los puestos del mercadillo y la orilla de una playa que lamía lentamente el plateado mar. La tarde, envuelta en el perfume de los higos maduros, tuvo sabor a manzanas en la vieja aldea. Recibiste con júbilo la aparición del nuevo disco de Angel Olsen: All Mirrors. Pero una nube de temor te cubrió la frente: sospechas que los arreglos orquestales lo conviertan en demasiado solemne. Hay que escuchar y esperar.

Octubre. Miércoles, 2. Claros y oscuros marcaron una jornada templada y sin lluvia. Por la tarde visitaste las fervenzas de Ameán. Tomaste fotos de la cascada. Escuchaste el potente sonido del nervioso caudal del río y, además, recogiste un buen puñado de castañas. Después paraste en Teaño: avistaste un gato pirata (blanco con un parche negro en un ojo) que andaba avizorando la vereda de un camino. A unos metros de distancia, un arroyo corría con el murmullo de las hojas ocres y amarillas que arrastraba.

Octubre. Viernes, 4. Después de la llovizna y la nieblina que se extendió sobre la tarde del jueves, el nuevo día levantó su persiana para ti delante del Concello. Allí observaste cosas reales: la epopeya humana es esta: hay gente de pie en la «estación de buses». Este llega con algo de retraso. En la espera, algunas mujeres se impacientan. Cuando entra en la parada, otras empiezan a correr por la acera. Lo atrapan y se suben a él. Piensas: esto ocurre todos los días y en todas partes. En nuestro país y en el vecino, en el amigo y en el enemigo.

Cierras la jornada con una buena noticia: Nick Cave y sus Bad Seeds acaban de publicar un nuevo disco: Ghosteen. Estás también impaciente por escucharlo.

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