«El arte puede superar un poco a la realidad»

Antón Sobral, que comenzó en el mundo del arte «a los dieciocho o diecinueve años», ha expuesto su obra en una multitud de países, tratando de transmitir la calma del mar a su público


pontevedra / la voz

Antón Sobral (Marín, 1952) podría haber estudiado matemáticas, y su historia habría sido totalmente distinta. Este polifacético artista, cuya última exposición, inaugurada el pasado septiembre, fue Soñar non custa nada en el espacio Nemonom de Pontevedra, descubrió que lo suyo era el arte cuando ya estaba en la Universidad de Santiago, un descubrimiento que terminaría abrazando por completo y que le llevaría a darle un enorme giro a su futuro: de matemáticas, donde reconoce que «siempre sacó muy buenas notas», a historia del arte, una carrera que, curiosamente, logró costearse gracias a sus obras. «Yo hacía exposiciones para pagarme la carrera», explica Sobral.

De estos primeros tiempos de juventud, en los que con «dieciocho o diecinueve años» comenzaba a adentrarse en el mundo del arte, Sobral recuerda especialmente un espacio de su localidad natal: la Asociación de Cultura y Arte Santa Cecilia, conocida hoy día como Ateneo Santa Cecilia. «Yo exponía casi siempre ahí», apunta, aunque este es solo el primero de los muchos centros que acabarían albergando sus obras. Y es que desde 1968, época de la que data su primera exposición, este artista ha sumado más de 150 exposiciones en toda Galicia y ha logrado salir de nuestras fronteras para mostrar su obra en lugares tan lejanos como Alemania, Cuba, Italia, Estados Unidos, Austria o Francia, pasando, por supuesto, por Madrid, Vigo o Pontevedra. Para Sobral, que admite que para él «viajar es un elemento fundamental», haber salido tanto de Galicia supone «una ventaja» más allá del ámbito meramente profesional. «Cuando ibas a exponer, no ibas solo a montar la muestra, sino que te quedabas ahí una semana y disfrutabas un poco de la ciudad, la conocías a costa del arte», cuenta, resaltando un aspecto fundamental de estas salidas: la posibilidad de disfrutar de los museos y de la infinidad de obras que en ellos se encuentran. «Yo creo que los viajes son de las cosas que más educan», afirma Sobral, que es consciente de su suerte y que reconoce que poder visitar tantas ciudades le sirvió de inspiración: «Me ayudaron muchísimo».

La calma que hay en el mar

A pesar de todos los años de experiencia y de todos los viajes que ha realizado en este tiempo, hay algo en sus obras que se mantiene, una constante que se remonta al principio de su carrera y que nunca le ha abandonado: el mar. «Yo empecé pintando playas y mar», reconoce, echando la vista atrás a esos inicios en los que sus cuadros retrataban imágenes de las aguas de su Marín natal.

Sobral, que entiende el mar como «la esencia del arte», cuenta en su catálogo con una amplísima colección de trabajos en los que esta fuerza de la naturaleza aparece representada casi como un cuerpo vivo que muta, crece y decrece y adopta distintas formas y ánimos. Son obras con una longitud «media», de 100x100 centimetros, realizadas a óleo porque «creo que es la técnica perfecta, la que da más plasticidad, variaciones y matices de pintar». Con ellas, el pintor quiere transmitir un sentimiento: la calma. «Me interesa mucho sacar lo que tengo dentro de mí, las emociones y sentimientos, que procuro que sean de calma y de tranquilidad», explica, apuntando que no quiere que esta paz se quede solo en la pintura, sino que llegue también al espectador, que logre darles calma. «Es algo que necesitamos un poco todos -opina-.Vivimos en unos espacios donde hay mucho ruido», añade.

Abstractos y cielos

Esta emoción no solo la transmite a través del mar. Al contrario, y aunque estos paisajes supongan el grueso de su trabajo, en sus obras también podemos encontrar cuadros abstractos y cielos, que muchas veces aparecen afectando al mar, creando distintos tipos de horizontes que, en ocasiones, se aleja de lo realista para acercarse a lo fantástico. «El arte puede superar un poco a la realidad en el sentido de que tu imaginación puede enriquecer lo que es la realidad», explica.

La trayectoria profesional de Sobral, que más allá de la pintura realiza otras actividades como la escritura, la fotografía o la grabación de distintos cortometrajes, entre otros, pone de manifiesto que su vida entera está marcada por el arte.

Aun así, admite no vive de su producción artística. «Yo viví de ser profesor y ahora mismo lo que tengo es que soy jubilado», explica, señalando que «es complicado» vivir del arte y que son pocas las personas que pueden permitírselo. «La mayoría tienen otras profesiones», reconoce. Los motivos son diversos. Los bajos sueldos, la dificultad de hacerse un nombre dentro de la industria o el largo y caro camino que puede ser el mero hecho de llegar a asomarse a ella, pueden ser alguno de ellos. Las ventas, que Sobral admite que desde la crisis han bajado, también. «Ahora se vende muy poco», señala, apuntando que el mercado también es «más restringido». Aun así, Sobral cree que el público sigue consumiendo el mismo arte que siempre y que la gente cada día «pinta más», algo que considera «muy positivo». «Le digo a todo el mundo que somos artistas, pero que tenemos que descubrir el arte que llevamos dentro», concluye.

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